Rebiya Kadeer

Uighur Minority in China

Civil and political rights.
Rights of ethnic and national minorities.
World Uyghur Congress.

www.uyghurcongress.org

Rebiya Kadeer is activist defending the rights of the Uighur Muslim minority, subjected to systematic oppression by the Chinese government. She is the president of the Uighur World Congress. She was a prisoner of conscience in China and later nominated for the Nobel Peace Prize. She lives in exile in the US, from where she denounces death and mistreatment of Uighurs by the majority Han ethnicity, accusation discredited by the Chinese government which considers her separatist and promoter of violence and associated with extremist Muslim groups. However, she was a successful businesswoman (she became the seventh fortune of China) and devote himself to philanthropy, promoting initiatives for education and training of Uighurs women and children.

In the late 90s, she held a political position as adviser to the Chinese authorities, and later, between 1999 and 2005, she was jailed for his dissent. She has been married twice and is the mother of eleven children. Since 2005, Kadeer lives as a political exile in the United States and is working hard to publicize the violations of rights that suffer the Uighur community under the regime of Beijing.

She chairs the Uighur World Congress, an international organization founded in 2004 that aims to “promote the right of the Uighur people to use peaceful, nonviolent, and democratic means to determine the political future of East Turkestan”, as explained in the website of the organisation. Kadeer’s commitment to the rights and freedoms of her people has been recognized with several awards (like the Rafto, 2004, and the Lantos Foundation, last year) and won her the Nobel Peace Prize nomination. However, his activism has also had a high personal cost. She and several members of his family have suffered imprisonment, arrests and intimidation of all kinds.

» Related Activities

(Activities only in Catalan)

 

» Entrevista

> Las presiones que se ejercen sobre el pueblo uigur en China son habituales. Qué ha pasado durante el ramadán?

Lo que los uigures han sufrido durante el mes del ramadán resume su desgracia: las autoridades chinas han vigilado todos sus hogares y han multiplicado las humillaciones contra viejos y jóvenes que querían rezar. Además, han confiscado los pasaportes de los uigures para que no se fueran al extranjero. En el interior mismo del Turquestán, los uigures tienen prohibido ir de un pueblo al otro; llevan una especie de brazaletes electrónicos que advierten enseguida a las autoridades locales. Los uigures son considerados como terroristas cuando en realidad son víctimas del terrorismo. Ya no pueden hablar su lengua, practicar su religión o vivir su cultura; las fortunas de los más ricos y sus tierras son confiscadas.

> Encarnas este sufrimiento.

La situación es triste. Mi marido estuvo encarcelado durante 11 años y algunos de mis hijos han sido privados de libertad durante mucho tiempo. En total, mi familia acumula más de 40 años en la prisión y muchas familias uigures han sufrido una represión similar. Por desgracia, muchas otras lloran a sus muertos; nosotros, gracias a Dios, no hemos conocido este destino fúnebre.

> Por lo que denuncias, la situació de los uigures sigue empeorando. Cuál sería la solución porque tu pueblo pudiera vivir dignamente?

Antes la gente planteaba una vía intermedia, un proceso de autonomía, pero hoy en día los chinos se han instalado en nuestra región. De ahora en adelante la idea de independencia está instalada en nuestras mentes.


Esta entrevista se publicó en el semanario Zaman France (www.zamanfrance.fr) el 8 de julio del 2016