Mike Anane

Ghana

Defensa de los derechos ambientales

 

Mike Anane es periodista y activista medioambiental galardonado con el United Nations Environment Programme Global 500 of Honour. Durante más de 20 años, Anane ha documentado e investigado el envío ilegal de basura electrónica desde los países del Norte global a Ghana. Tercer hijo de una familia de Accra, recuerda una infancia en la que, bajo la lluvia, los niños y las niñas jugaban en el río y la laguna de la capital. Entonces el sustento familiar era la venta de productos agrícolas y pescado del generoso océano. «Ahora esto se ha convertido en un vertedero de basura electrónica que contamina el océano, el aire y la tierra», lamenta. «Al principio llegaban televisiones, luego ordenadores, teléfonos… Es incontrolable, y nada ha cambiado en estos 20 años», añade. 

En Accra, impactan las imágenes de niños y niñas menores de edad entre montañas de desechos electrónicos mientras inhalan el humo negro proveniente de la quema de material para obtener metales como el cobre. Es una forma de vida que explica la pobreza latente en África. En el caso de Ghana, la falta de oportunidades afecta a todo el país, pero sobre todo a la región norte, donde el cambio climático hace estragos y obliga a familias enteras a moverse a los centros económicos del país. Por eso llegan más personas a Accra, concretamente a barrios-vertederos como Agbogbloshie, donde pueden conseguir uno o dos dólares al día para sobrevivir. De hecho, las cerca de 50.000 personas que lo habitan no son las más desfavorecidas de la capital: existe una forma de vida estable alrededor de la chatarra, la misma que generamos y consumimos en el Norte global. 

Por denunciar esta situación, por demostrar la doble moralidad de Occidente, Mike Anane ha sido amenazado. «Incomodas a personas cuando hablas de empresas europeas que, por querer ganar mucho dinero, incumplen sus promesas, en este caso reciclar adecuadamente», reconoce. Pero no se rinde, más bien reta, y sigue recopilando información para algún día enjuiciar a estas compañías. «Los productores tienen la obligación de cuidar que sus productos sean reciclados de forma apropiada. No lo han hecho; no lo hacen. Viendo el impacto medioambiental y sanitario, es suficiente para denunciarlos».  

Les implicacions dels dispositius electrònics que consumim

El consumo desmesurado de productos electrónicos tiene consecuencias que no siempre conocen las personas que los utilizan. Renovar un dispositivo, en muchos casos, conlleva deshacerse del antiguo, que acaba en manos de quienes aprovechan sus últimos coletazos de vida útil. ¿Y qué ocurre luego en la escala, cuando este producto es inservible? Pues que se convierte en basura electrónica y, en la mayoría de casos, es enviada a países empobrecidos. Así, sobre todo en Asia y África, nacen los vertederos electrónicos que congregan a personas desfavorecidas en busca de oportunidades; por uno o dos dólares diarios, despedazan y queman los productos electrónicos para extraer los metales mientras se envenenan, al inhalar metales pesados, y contaminan la tierra, el aire y el océano. 

En 2019, según el estudio ‘The Global E-waste Monitor 2020’, el ser humano generó más de 56 millones de toneladas de chatarra electrónica: en consumo por habitante, 16,2 kilogramos en Europa; 16,1 en Oceanía; 13,3 en América; 5,6 en Asia; y 2,5 en África. De toda ella, solo el 17% fue reciclada de forma apropiada, principalmente en Occidente, mientras que oficialmente se desconoce dónde acabó el 83% restante. Y aunque se recicle más y mejor, producimos 9 millones de toneladas anuales más de chatarra alcanzaremos los 74 en 2030. «El incremento de la basura electrónica se debe, principalmente, a la mayor tasa de consumo, los ciclos de vida más cortos y las pocas opciones de reparación», sostiene el informe.  

Las cifras asustan, sobre todo en los países que, pese a ser los que menos consumen, acaban viviendo sobre estos dispositivos desfasados de Apple, Samsung, HP, Toshiba, Philips, LG, Xiaomi… Esto ocurre porque los estados que producen y consumen productos electrónicos, principalmente los más ricos, no controlan a las empresas encargadas de reciclarlos. Existe connivencia, se entiende, porque enviar la basura electrónica a países empobrecidos es más barato que reciclarla. Es ilegal, y la forma de hacerlo es considerando la chatarra como producto de segunda mano. De esta forma, los estados se saltan las obligaciones de la Convención de Basilea de 1989, operativa desde 1992, según la cual los 187 países firmantes se comprometen a no enviar basura dañina a países que no disponen de medios para su adecuado tratamiento. «La exención de la Convención de Basilea para el equipamiento destinado a reutilizarse es compatible con el principal objetivo medioambiental de prevenir la generación de basura», refleja ‘The Global E-waste Monitor 2020’, que matiza que no existe consenso sobre lo que, técnicamente, es o no basura. 

En África, donde terminan muchos de estos dispositivos desfasados, la mayoría de estados carecen de una legislación que aborde el problema, y cuando la tienen, como es el caso de Ghana, Nigeria o Costa de Marfil, su implementación es deficitaria. Los gobiernos no parecen dispuestos a alterar la forma de vida establecida en torno a la chatarra, en parte por falta de alternativa a esta economía informal pero organizada y circular que, por cada 1.000 toneladas descargadas, genera 15 empleos en el reciclaje y 200 en la posterior reparación. Así, esta situación se refleja en la tristemente famosa barriada-vertedero de Agbogbloshie, en Accra, Ghana, donde a diario 5.000 personas buscan el sustento entre la chatarra electrónica producida y consumida en el Norte global.

Entrevista

Accra es uno de los principales vertederos de basura electrónica del mundo. ¿Por qué? 

Ocurre por la producción incesante de dispositivos electrónicos, que además están planeados para quedar obsoletos en poco tiempo. Si compra un teléfono, un televisor o un ordenador, en dos o tres meses habrá nuevos modelos en el mercado. Está planeado; es una estrategia deliberada para que los productores obtengan beneficios. Las empresas tienen que acometer reformas y diseñar productos que puedan reciclarse y reusarse y no sean basura tan pronto salen de la fábrica. Se podría decir también que los consumidores han sido programados para comprar, comprar y comprar. Tienen que cambiar sus hábitos, adquirir solo lo necesario, y conocer las implicaciones del producto que compran, porque la producción y el consumo de dispositivos electrónicos tienen consecuencias graves. 

¿Por qué no funciona la Convención de Basilea? 

Los gobiernos no respetan este tratado internacional. Según esta convención, se pueden enviar productos electrónicos mientras funcionen, pero lo que ocurre es que, con esta excusa, mandan basura electrónica que acaba en Ghana, en África. 

Ghana ha introducido leyes para atajar el problema generado por la basura electrónica, pero su implementación es deficiente. De hecho, el gobierno culpa al Norte global. ¿Está de acuerdo? 

El Gobierno denuncia el envío de basura electrónica desde los países desarrollados. Me gustaría que fuera más allá y enviase de vuelta a los barcos que la transportan. Ellos dicen que intentan detener la llegada de basura electrónica, pero es insuficiente. Sin embargo, principalmente culpo a los países que envían esta basura. Nosotros no tenemos la capacidad para detener el flujo: hay pobreza, corrupción, malaria. A veces, los problemas superan a los gobiernos. Por eso espero que los países ricos tengan conciencia, sobre todo porque tienen los medios para controlar la situación, como hacen con las armas. 

¿Quiénes son los residentes de Agbogbloshie, el barrio-vertedero más famoso de Accra? 

En los vertederos se ven jóvenes desde los seis años que intentan extraer metales, sobre todo el cobre. Algunos viven allí y otros residen en barrios cercanos. Por supuesto, hay gente más mayor, de más de 19 años, y también alguna niña. Son pobres, pero no diría que son la clase más baja. Hay personas que llegan desde la propia Accra, desde Nigeria o desde Costa de Marfil. Cuando la gente tiene dificultades para obtener dinero, va a los vertederos, y rompe y quema basura electrónica. 

Está demostrado que esta forma de vida tiene efectos perjudiciales para la salud. ¿Conoce el coste generado por las enfermedades relacionadas con la contaminación? 

Tenemos el sistema de salud nacional, que es bueno, pero la gente que trabaja en los vertederos, salvo en causa muy serias, no acude a los hospitales. En Ghana no hay estudios sobre las enfermedades provocadas por esta forma de vida, pero es evidente la contaminación del aire, el suelo y el agua. Hay personas que no pueden hacer deporte, que padecen enfermedades por la contaminación provocadas por los metales pesados que acaban en la tierra. 

Por falta de oportunidades, hay personas acostumbradas a esta forma de vida, y en algunos casos no quieren desmantelar los vertederos. ¿Qué alternativa propone? 

Existen alternativas. Algunas personas llevan mucho tiempo trabajando en los vertederos. Han aprendido técnicas que podrían utilizar en plantas de reciclaje de basura electrónica, o podrían aprender otra profesión que no tenga consecuencias perjudiciales para la salud. Habría que formalizar una industria del reciclaje con medidas de seguridad apropiadas. 

Mejores medidas de seguridad no cambiarían la realidad: que Ghana siga siendo uno de los principales vertederos del mundo. ¿No existe otro futuro económico posible para Ghana y África? 

Cada país tendría que tener sus propias plantas de reciclaje. De Accra, la basura electrónica es enviada a Ashanti, el oeste y el este del país. Se puede encontrar en la calle, detrás de las casas, en todo el país. Ghana, Togo o Nigeria no pueden utilizarse para enterrar la basura dañina de otros países: es una violación de la Convención de Basilea. Por eso digo no, Ghana no tendría que ser un vertedero de Occidente. 

¿Y por qué la basura electrónica llega a Ghana y no a Liberia? 

Las grandes compañías han sabido esconder la chatarra electrónica en los contenedores. Al principio no se escondían, venía el contendedor directamente, pero llegado un punto empezaron a esconderla en los coches, entre la ropa. Si mira a otros países de África, no encontrará muchos puertos con la frenética actividad del de Accra, que tiene buenas infraestructuras para el tráfico de contenedores y mercancías en África. 

Ghana se ha convertido en uno de los principales mercados del mundo de ropa de segunda mano. ¿Es una tendencia nueva? 

Es una práctica antigua, pero recientemente la moda de rápido consumo ha hecho que haya más basura en África. Nos llega mucha ropa que no sirve. He visto botas de invierno, de esquiar, en Ghana. Y luego está el uso del poliester y otras fibras sintéticas. Son prendas baratas, de mala calidad, en muchos casos inservibles, que terminan siendo quemadas y contaminando la atmósfera o, si no, matando peces en el fondo el océano.