Chema Caballero

España

Derecho a la Paz.
Derechos de la infancia.
Desarrollo y Educación Solidaria.

http://elpais.com/agr/africa_no_es_un_pais/a/

Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Master en Derechos humanos y resolución de conflictos por la Long Island University de Nueva York, su carrera profesional queda marcada por casi dos décadas de trabajo en Sierra Leona como misionero javeriano.

Llega el país africano cuando acaba de comenzar la guerra, para participar en un programa de formación sobre derechos humanos dirigido principalmente a jóvenes y mujeres. Pronto se da cuenta de que, para poder comunicarse con las personas con las que tiene que trabajar, el inglés aprendido en Estados Unidos le sirve de poco. Aprende krio y se adapta a las dificultades del entorno. A finales de los 90, UNICEF le ofrece dirigir un programa pionero de rehabilitación de menores soldado. La experiencia lo convertirá en una voz autorizada al respecto, hasta el punto de que, posteriormente, será perito en menores soldado para el Tribunal Especial para Sierra Leona.

En 2010 vuelve a España y, poco después, deja el sacerdocio. Aquí, coordina la ONG DYES y publica en el blog “África no es un país” del diario El País. Ha escrito los libros Los hombres leopardo se están extinguiendo (2011) y Edjengui se ha dormido (2016).

Sigue defendiendo los derechos humanos, haciendo incidencia política y recordando aspectos clave para la rehabilitación de niños soldado, como la necesidad de una estancia mínima de seis meses en un centro de recuperación para que el menor empiece a hablar de su pasado.

Los aprendizajes adquiridos en África le acompañan en su día a día, le dejan “ver la realidad con otros ojos” y situarse “al lado de los oprimidos y no de los opresores”. “Creo, en definitiva, que me ha ayudado a mejorar y crecer como persona, otorgándome una sensibilidad y una forma de vivir comprometido”, explica.

Caballero participó en 2014 en la segunda edición de Ciudades defensoras de los derechos humanos. De la experiencia, recuerda especialmente “la gran cantidad de personas” con las que compartió aquellos días. Con respecto a esta edición, espera continuar abordando los temas que le preocupan, como “las niñas y los niños soldado, el expolio al que Occidente somete África y las guerras que genera para conseguir las materias primas del continente a coste mínimo”. Con esperanza, plantea: “Quizás juntos consigamos imaginar cómo hacer para que las cosas sean diferentes para millones y millones de africanas y africanos.”

» Entrevista

> Eres muy crítico con el papel de las potencias occidentales en el mantenimiento de los conflictos armados en África. ¿Si tuvieras que señalar a los principales responsables de esta persistencia, a quien apuntarías?

No hay excepciones. Desde los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas hasta países mucho más pequeños, todos obtienen beneficios de los conflictos africanos: materias primas, tráfico legal e ilegal de armas … y ahora, el último gran negocio a costa del sufrimiento del prójimo: la industria del control de fronteras. Grandes empresas se embolsan millones de euros militarizando las fronteras para controlar el flujo de personas migrantes que huyen de las guerras y de la miseria que nosotros mismos creamos. Desde que los gobiernos han privatizado este sector, las empresas privadas que lo controlan están haciendo grandes negocios, y para mantenerlos fomentan una ideología de miedo y odio al migrante que sutilmente penetra en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

> También eres crítico con el proceso de justicia y reconciliación posterior a la guerra de Sierra Leona. ¿Qué falló?

Los países donantes no invirtieron suficiente dinero para ayudar a la inmensa mayoría de las víctimas buscar justicia, a conseguir que sus agresores reconocieran los crímenes y pidieran perdón. Al final, víctimas y verdugos se vieron obligados a vivir juntos, cada uno lamiéndose las propias heridas y muchos con el deseo de poder vengarse algún día. Una guerra no se acaba con el cese de las balas, hay que trabajar la reconciliación y la convivencia. Mientras esto no se hace, las heridas siguen abiertas, y el riesgo de un nuevo conflicto se mantiene latente.

> ¿Cómo es ahora Sierra Leona?

Después de la guerra el país creció mucho económicamente, pero esto no repercutió en la mayoría de sus ciudadanos, que siguen viviendo en la pobreza. Tampoco supuso más empleo para la inmensa mayoría de jóvenes, que no consiguen un medio de vida y tienen que recurrir a la llamada economía informal para salir adelante. Además, entre 2014 y 2016 el país fue fuertemente golpeado por la epidemia del ébola, lo que acabó de arruinar muchas familias y pequeños comerciantes.

Una vez superada, éstos no han recibido ninguna ayuda para empezar de nuevo y rehacer sus vidas. En el otro extremo, con la guerra, la rehabilitación y el ébola, algunas personas del gobierno y funcionarias han hecho mucho dinero. Esto ha disparado la corrupción en el país y ha aumentado la frustración en la que se ve sumida la mayoría de la población.

> Has alzado la voz para denunciar el incremento de niñas y niños soldado. Desde la ciudadanía, ¿se puede contribuir de alguna manera a transformar esta tendencia?

Desde hace poco más de un año asistimos a este triste fenómeno: el número de niñas y niños soldado, en lugar de disminuir, aumenta. Es cierto que hay más conflictos, pero también lo es que cada vez los grupos armados utilizan más menores en sus filas. En casos como los de Al-Shabaab en Somalia o el conflicto de Kasai en la República Democrática del Congo, entre otros, entre el 75% y el 90% de los combatientes son menores de 18 años. Mientras haya guerras continuarán existiendo menores soldado. Y las guerras no parece que vayan a terminarse hoy por hoy, porque hacen ricas a muchas personas, son un gran negocio. Por ello, los ciudadanos debemos seguir organizándonos para pedir a nuestros gobiernos que cambien sus políticas y empiecen a respetar los derechos humanos.

> En 2016 publicaste, con la ONG Zerca y Lejos, Edjengui se ha dormido. ¿Ha habido cambios desde entonces respecto la situación de la población pigmea baka? Edjengui está más cerca de despertarse?

Creo que trabajos como los que está desarrollando Zerca y Lejos desde hace 15 años entre los pigmeos baka al sur de Camerún están teniendo un gran impacto. Cada vez más los jóvenes baka que estudian empiezan a plantearse su papel en la nueva sociedad en la que se ven forzados a vivir, después de haber sido expulsados de las selvas donde han vivido durante generaciones en total armonía con el medio ambiente. Han comenzado a asociarse y agruparse para luchar por sus derechos, tener las mismas oportunidades de las que disfrutan el resto de ciudadanos de Camerún y defender su cultura. Cada día que pasa Edjengui, el espíritu de la selva, está más cerca de despertarse y restaurar la dignidad a su pueblo.