Milena Florez

Colombia

Defensa del medioambiente
Movimiento Rios Vivos



www.movimientodevictimas.org

Vive en el Norte de Antioquia, en el municipio de Toledo, donde trabaja como agricultora y barequera* en la zona del Cañón del Cauca. Tenía una vida tranquila hasta que comenzaron la construcción de la central hidroeléctrica de Hidroituango. Su comunidad comenzó a ser desplazada forzosamente, se quedaban sin casas ni cultivos y el megaproyecto empezaba a provocar inundaciones, graves daños al territorio y a sus habitantes. Fue entonces cuando Florez comenzó a organizarse con su comunidad y a convertirse en una defensora del territorio y del río.

Desde 2013 Florez forma parte del Movimiento Ríos Vivos, un movimiento social y ambiental que lucha por la defensa del agua, la vida y los territorios. Pertenece también a la Organización de Mujeres defensoras del Agua y de la Vida AMARU y es la presidenta de la Asociación de Víctimas y Afectados por megaproyectos Orejón, Chiro y Buenavista (ASVAM ORCHIBU).

En 2019 Florez tuvo que salir del país para denunciar el crimen ambiental de la hidroeléctrica Hidroituango y las vulneraciones a los derechos humanos y ambientales que este proyecto ha llevado a la región. “El proyecto ha pasado por encima de los derechos de las comunidades y de personas víctimas de un conflicto armado que se han visto revictimizadas y discriminadas por Hidroituango”.

» Entrevista

> ¿Cómo empieza el movimiento?

Fue en el año 2008. Lo formábamos básicamente las personas afectadas, muchas sin experiencia política. Necesitábamos, como dice nuestro lema, que la esperanza fluyera. Y así surge el Movimiento Ríos Vivos. Ahora somos una articulación de movimientos de la cual forman parte quince organizaciones de mujeres, jóvenes, barequeras y barequeros, pescadoras, agricultores, mujeres que trabajan en labores del hogar, cocineras, comerciantes y todos los afectados por el megaproyecto Hidroituango.

Luchamos desde entonces en contra de las injusticias y para explicar nuestra versión de la historia, que no tiene nada que ver con la de la empresa, que es engañosa y falsa y que destruye el Cañón del Río Cauca. Nos dijeron que era un proyecto de generación de energía para las personas, pero no es así, la energía se exporta por el uso de mega minería como la Continental Gold y para saquear nuestros recursos. Además, no hemos tenido acceso a información ni a un proceso de participación adecuados, ya que las autoridades no solicitaron su consentimiento antes de construir la presa.

> ¿Cuáles son las consecuencias de la existencia de Hidroituango?

En primer lugar, los desplazamientos forzados de la población, que comenzaron de forma gradual. Después, la deforestación de más de 4.500 hectáreas de bosque seco tropical y la destrucción de un río lleno de vida. El proyecto ya ha desplazado a más comunidades que el conflicto armado. El río era nuestra forma de subsistencia, nuestro lugar de encuentro, era la vida misma. Ahora nos encontramos sin trabajo y como consecuencia muchas personas han migrado a otros municipios a buscar empleo. A raíz de ello, muchas de estas familias viven separadas.

> Y llegó el ejército…

En 2015 llegaron las fuerzas estatales. Aparecieron más de 2.000 agentes de la policía y junto con el ejército desalojaron a 83 personas. Junto a la policía y al ejército estaba la fiscalía y la representante del pueblo, institución municipal dedicada a la defensa de los derechos de la ciudadanía. Una evidencia más de que todos los espacios están coludidos. Reconozco que al inicio pensamos que era una locura enfrentarse a un monstruo como éste, que nos iban a matar, que nos aprisionarían, que nos harían desaparecer. Y esto ha ocurrido, pero no podemos dejar de denunciar.

> Y anteriormente, las masacres.

Antes de implantar el megaproyecto hubo 137 masacres cometidas por grupos paramilitares desde el año 1997. Está claro que el objetivo que tenían era vaciar el territorio para llevar Hidroituango a la zona en un futuro. De hecho, la violencia atraviesa generaciones: mi madre, que era una indígena nutabe, ya fue desplazada por el conflicto armado, y mi padre, que es de la comunidad emberá, se encuentra desaparecido desde que se lo llevaron los paramilitares.

> Y después, las inundaciones.

Entre el mes de abril y mayo de 2018, las lluvias colapsaron uno de los túneles de desviación de las aguas del río. La empresa no tenía permiso ni licencia ambiental para construir el túnel y cuando la obtuvieron lo construyeron rápidamente para poder generar energía enseguida. El túnel se bloqueó con las maderas provenientes de las 4.500 hectáreas de bosque que también destrozaron. El día que se destapó el túnel, la reanudación arrasó con todo lo que encontró por delante, se perdieron los cultivos y más de 5.000 personas tuvieron que ser evacuadas.

Y no sólo eso, después del desastre nos obligaron a firmar un papel donde constara que volvíamos a la región de manera voluntaria, amenazándonos de quitarnos el subsidio por afectación del territorio si no lo hacíamos. La zona sigue sin ser segura, ya que el proyecto está construido sobre tres fallas geológicas y si colapsa pueden morir más de 500.000 personas.

> También estáis recuperando cuerpos de personas desaparecidas.

Los cuerpos de las personas asesinadas durante el conflicto se arrojaban a las aguas de río. Muchos pescadores y barequeros las recogían y las enterraban dignamente para que algún día sus familiares pudieran encontrar. Se han recuperado 157 cuerpos, pero la actividad de la hidroeléctrica y las inundaciones impide que se recuperen más.

> Saliste del país por culpa de las amenazas.

Ya han asesinado a seis compañeros de Ríos Vivos. Yo no quería ser una más. Vine a Cataluña en un programa de protección de defensoras para continuar denunciando y me di cuenta de que en Colombia estaba esquivando amenazas cada día. Llevo cinco desplazamientos forzados, muchas amenazas tanto individualmente como por ser parte del Movimiento. Nos tienen muy estigmatizadas.

Volví aquí justo antes del inicio de la pandemia y me di cuenta de cómo el Estado colombiano ha aprovechado la cuarentena para otorgar más concesiones a multinacionales mientras nosotros seguimos de manos atadas sin poder reunirnos, convocar movilizaciones o sin internet.

* Personas que practican la minería manual y artesanal en el río en busca de oro. Se considera una práctica ancestral.