A Ana María Hernández Cárdenas, la lucha por la defensa de los derechos humanos le viene de familia. Criada en una entorno muy activo políticamente, considera que su gran referente fue su abuelo, quien participó en la Revolución Mexicana y fue “un luchador social”, como ella misma lo define. “Yo crecí con él y me inculcó todos esos valores relacionados con la justicia, con la rectitud, con el bien común. Mi militancia empezó cuando yo era adolescente y estaba en la preparatoria. No empecé con el feminismo, sino con los movimientos de izquierda”, explica.
Fue entonces cuando empezó a participar en acciones de solidaridad internacional con los procesos revolucionarios, en aquél momento con el foco puesto en Nicaragua y en El Salvador. El inicio de su militancia, ligado a la solidaridad internacionalista, las luchas estudiantiles y los movimientos populares tanto campesinos como urbanos, la llevaron hacia el feminismo.
“En una de estas hubo un suceso de violencia del Estado hacia un movimiento urbano popular y tomaron presos y reprimieron a varios de los dirigentes. También tomaron presas a algunas mujeres; y fue entonces cuando me empecé a dar cuenta de que la represión a las mujeres era distinta de la represión de los hombres. Empecé a tener la inquietud de entender qué estaba pasando y a pensar en propuestas feministas. Conformé, junto con otras amigas, un comité de apoyo para la liberación de estas compañeras”. Esa primera toma de contacto con la desigualdad que sufrían las mujeres respecto a los hombres y los aprendizajes de su propia experiencia en la militancia en organizaciones mixtas la acompañarían toda la vida.
Consorci per al Diàleg Parlamentari i l’Equitat i Consorci Oaxaca
En 1998 Ana María Hernández fue una de las fundadoras del Consorcio Para el Diálogo Parlamentario y Equidad en Ciudad de México, una organización civil que nació con el objetivo de hacer incidencia legislativa. De los inicios de este organismo, la defensora explica: “En ese momento el Congreso de nuestro país se empezaba a abrir a la pluralidad política gracias a una reforma política. Se abrió a la participación de partidos diversos y nosotras nos dimos cuenta de la importancia de poder incidir en el marco legal legislativo para avanzar en los derechos de las mujeres. Formamos el Consorcio con la misión de dialogar e incidir en el poder legislativo, con diputados y senadores. Uno de los ejes fue hacer cabildeo legislativo para avanzar en la agenda y para empujar a que más mujeres pudieran ser legisladoras”. Fue en la década de los 90 cuando empezaron a tener lugar las conferencias internacionales sobre población y desarrollo y cuando iniciativas de este tipo consiguieron encontrar un hueco en las agendas tanto globales como locales.
Unos años más tarde, en 2003, se fundaría Consorcio Oaxaca, una rama del Consorcio Para el Diálogo Parlamentario y Equidad, con Ana María Hernández al frente. En aquel entonces, uno de los ejes de la organización era la ampliación de las leyes a favor de la despenalización del aborto en los gobiernos locales del país. En Oaxaca, el estado con más riqueza de población indígena, pero el tercero más pobre de México, surgió la necesidad de trabajar por los derechos de las mujeres indígenas. “En Oaxaca no solo se reconoce el marco legislativo nacional sino también los sistemas normativos comunitarios. Es decir, la comunidad se da a sí misma sus propias reglas. Las mujeres, sin embargo, tenían pocas posibilidades de participación y nos dimos cuenta de que para fortalecer sus liderazgos había que trabajar sobre el tema de la violencia contra las mujeres y la violencia familiar. Una de las líneas cotidianas fue documentar las muertes violentas de mujeres y niñas y otras formas de violencia”. Fue entonces cuando Ana María Hernández y Consorcio Oaxaca empezaron a trabajar para que se reconociese el marco del feminicidio y por la ampliación de la Ley de Participación Ciudadana, poniendo el foco en los derechos de las mujeres y con el objetivo de que estas pudiesen participar en mejores condiciones en los sistemas normativos comunitarios.
Actualment, el Consorci Oaxaca el formen 35 dones que treballen en diferents àmbits i programes, i que posen el focus en les joventuts, les dones i la protecció de les defensores. L’Ana María Hernández ja no lidera l’organització, després que al 2024 es produís un relleu generacional, després de 20 anys de militància. Tot i així, segueix treballant per a la protecció integral feminista de les activistes des de la Iniciativa Mesoamericana de Defensores dels Drets Humans (IM-Defensores), que és la primera iniciativa regional enfocada a prevenir, documentar i denunciar les violències que afecten les defensores i, de manera central, les cures i la sanació dels impactes per enfortir la sostenibilitat dels seus moviments.
Actualmente articula a casi 3.000 defensoras y 240 organizaciones de diversos movimientos sociales y territorios en varios países de la región mesoamericana. Desde la IM_Defensoras, Ana María ha contribuido a desarrollar la estrategia de autocuidado, cuidado colectivo y sanación como parte del enfoque de protección integral feminista y se ha especializado en acompañar procesos de cuidado tanto individuales y colectivos. Ella está convencida de que “poner el cuidado en el centro de la acción política es crucial para sostener las luchas y los movimientos sociales”.
México, ante una nueva era, pero con los mismos retos
L’octubre de 2024, Claudia Sheinbaum (del partit Moviment de Regeneració Nacional) es va convertir en la primera presidenta de Mèxic, un país on cada dia assassinen entre 9 i 10 dones. Segons ONU Dones: “El 2023, el Ministeri de l’Interior va registrar 848 víctimes de feminicidi i 2.591 homicidis dolosos. En total hi va haver 3.439 dones víctimes de feminicidis i homicidis dolosos”; això no obstant, només el 25% dels casos de dones i nenes assassinades al país van ser investigats com a feminicidis.
Los retos de la presidenta Sheinbaum, sucesora de Andrés Manuel López Obrador, son inmensos en todos los ámbitos: política exterior y frontera con Estados Unidos, seguridad (en México se producen una media de 30.000 asesinatos al año y en la actualidad hay decenas de miles de personas desaparecidas), erradicación de las mafias (una parte del territorio mexicano está controlado por el crimen organizado), protección de las mujeres y las niñas, o la disminución de la brecha social, entre otros. Sin embargo, Ana María Hernández se muestra optimista y considera que la nueva presidenta continuará avanzando en la protección de los derechos básicos. “Deberá afrontar retos importantes como el tema de la violencia del narcotráfico y la violencia criminal. A ese respecto, está llevando a cabo un cambio en la estrategia que tenía López Obrador. Está siendo más firme y directa. También admiro de ella la templanza. Muchas veces la política entre los hombres se expresa de una manera más violenta, o de manera más tensa. Me parece que Claudia Sheinbaum está demostrando que las mujeres también podemos ser estrategas”, concluye.
En un momento actual, con el auge de la extrema derecha mundial, las mujeres y el movimiento feminista están en el punto de mira. ¿Cómo abordar esta nueva era?
En efecto, estamos en un momento muy difícil, un momento histórico delicado. Pienso que el movimiento feminista internacional ha sido prácticamente el único movimiento global que ha logrado avanzar en muchos de los temas que son cruciales, no solo para las mujeres, sino para la humanidad entera. Las mujeres hemos demostrado que no solo trabajamos por y para los derechos de las mujeres, sino para los derechos de todas las personas y las diversidades. También hemos trabajado y trabajamos por un cambio de modelo de vida y por mejorar nuestra relación con la naturaleza. Yo siento mucha esperanza, porque hemos acumulado una gran experiencia en la incidencia internacional y en la colectivización de nuestros liderazgos. Hemos logrado trabajar desde los liderazgos comunitarios y agrupar a organizaciones y partidos políticos. Incluso hemos conseguido incorporar a las mujeres en los gobiernos. Este avance es crucial para momentos históricos como éste.
México estrena una nueva era con la presidenta Claudia Sheinbaum al frente del país.
Yo me siento identificada con la propuesta política que hoy gobierna mi país, a pesar de los múltiples retos y las prácticas heredadas no deseables. Me siento identificada con el proceso de transición hacia el bien común, hacia las políticas sociales, hacia la recuperación de la función del Estado como garante de los derechos. Y eso es porque en todos estos años hemos trabajado por la incorporación y la participación política de las mujeres en los lugares más cruciales de toma de las decisiones. Eso se ha ganado a pulso desde las comunidades, desde los gobiernos locales y desde los movimientos; y a costa de ser estigmatizadas, perseguidas y atacadas. Infelizmente, la derecha global se está fortaleciendo, pero el movimiento feminista se ha hermanado con otros movimientos, como el de las diversidades sexogenéricas, y hay mucha fortaleza ideológica. No es la primera vez que nos atacan. Como movimientos libertarios, podemos asumir estos retos desde el poder de transformación y desde la esperanza, no desde el derrotismo. Pienso que una de las grandes afectaciones en los movimientos es que nos sentimos desesperanzados. A pesar de haber luchado 45 años, a veces me entra tristeza cuando pienso en los avances que están siendo revertidos, pero también lo veo como una oportunidad de resistencia y una oportunidad creativa de transformación. Somos capaces de readaptar nuestras formas de lucha y nuestros tejidos. La solidaridad entre las mujeres y otros movimientos libertarios está por encima de estas fracturas y de estas guerras intestinas de la derecha.
¿Porqué es tan importante nombrar la violencia contra las mujeres como algo específico?
El marco de la igualdad todavía sigue siendo una utopía. Las mujeres y las diversidades no estamos en las mismas condiciones de derechos, de igualdad, de trascendencia y de poder que los hombres. La igualdad de derechos parte de una historia distinta, porque llevamos cientos de años de discriminación y sometimiento acumulado. Hemos sufrido muchísimas vulneraciones, también simbólicas y que ahora viven construidas en la psique de la población. En el siglo XXI, nos hemos convencido de que no podemos tratar como iguales a quienes históricamente hemos sido discriminadas. En segundo lugar, la muerte violenta de una mujer por el hecho de ser mujer no es equiparable a ninguna otra violencia sufrida por los compañeros. Muchas de las violencias que se ejercen contra las mujeres son la demostración del odio por el hecho de ser mujer en una sociedad que nos condiciona y que nos somete. Nombrar esas violencias, visibilizarlas, trabajar para acceder a la justicia, reeducar a los hombres agresores y trabajar para que haya castigos ejemplares para que esto no se repita es fundamental. A las mujeres nos matan los hombres. Hay que mencionarlo y tipificarlo. Se trata de encontrar la igualdad sustantiva y la reparación. Las acciones afirmativas a veces se entienden como privilegios a las mujeres, y no es así: se trata de acciones temporales que ayudan a ir cerrando esa brecha de desigualdad histórica.
Ahora forma parte de la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras de Derechos Humanos. ¿En qué trabajan?
La Iniciativa Mesoamericana de Defensoras de Derechos Humanos es una articulación que surge en el 2010, cuando estaba en el Consorcio. Nos juntamos algunas compañeras defensoras y activistas de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y México. Iniciamos una reflexión política en un contexto en el que, por parte de los gobiernos y también desde los poderes fácticos del crimen organizado, se estaba atacando ya no solo a las poblaciones, sino también a los defensores y defensoras. En aquel momento había programas de protección, pero ninguno hacía incidencia en el género ni en las violencias que atraviesan a las defensoras por el hecho de ser mujeres. Queríamos responder articuladamente y brindar solidaridad ante las amenazas, los ataques y los asesinatos; y construir una propuesta política que recuperara las necesidades de protección de las defensoras.
¿En qué es diferente, la protección que necesitan las mujeres de la que necesitan los hombres?
Cuando atacan a un defensor y tiene que irse del país, este defensor, por lo general, se puede trasladar solo y se queda en una red de protección; tanto si es padre de familia como si no lo es. El caso de las mujeres es distinto, porque habitualmente piden poder llevarse a los hijos. Muchos de estos programas de protección no tenían en cuenta ese tipo de cosas. Desde 2010 y hasta hoy se ha avanzado mucho y algunos programas ya contemplan necesidades específicas. Por otra parte, a lo largo de estos años hemos cuestionado el activismo sacrificial.
¿A qué se refiere?
Al activismo que dice que tienes que darlo todo y poner el cuerpo y la vida. Nos empezamos a cuestionar por qué no había un equilibrio, por qué no nos estábamos cuidando. Es importante invertir en el bienestar; porque cuando se hace un acompañamiento, también se recibe un impacto: emocional, energético, físico… Todo esto desgasta. Un programa de protección integral feminista implica incorporar el autocuidado, el cuidado colectivo y los procesos de sanación de las heridas históricas de esos impactos políticos. Hoy somos más de 3.000 defensoras agrupadas en la Iniciativa Mesoamericana y tenemos una red en cada país formada por defensoras y activistas que defienden distintos derechos: tierra y territorio, derechos laborales, etcétera. Nosotras denominamos a esta estrategia ‘PIF’, Protección Integral Feminista. Esta es nuestra propuesta política. El cuidado colectivo hace que nuestras luchas puedan permanecer; porque cuando las organizaciones o los colectivos no se atienden, se desgastan y caen por agotamiento; y eso debilita la lucha. En la Iniciativa Mesoamericana también estamos trabajando en un sistema de registro que nos ha permitido documentar los distintos tipos de violencias que sufren las defensoras. También generamos informes para incidencia y hemos puesto en marcha una estrategia de acompañamiento para compañeras que están en situación de riesgo inminente. Tenemos casas de sanación, como La Serena y La Siguata, donde hemos recibido a centenares de defensoras que se han quedado allí de manera temporal. En la casa hay terapéuticas que las acompañan en su proceso de sanación de heridas y las defensoras pueden compartir sus experiencias.