Patricio Vindel

Honduras

Derechos de las personas LGTBI.
Derecho a la salud (prevención del VIH/SIDA).
OPROUCE (Organización Pro-Unión Ceibeña).

Corría el año 2001 cuando el hondureño Patricio Vindel comenzó a implicarse en la defensa de los derechos del colectivo LGTB +. Entonces trabajaba para la Pan American Social Marketing Organisation (PASMO). La experiencia le dio la oportunidad de acercarse tanto a la prevención del VIH como a la defensa de los derechos humanos de las minorías.

Más de una década después, cuando ya era director ejecutivo de OPROUCE (Organización Pro-Unión Ceibeña), recibió graves amenazas que le obligaron a abandonar su país. OPROUCE es una entidad del norte de Honduras que nace a finales de los años 90 para apoyar y defender los derechos del colectivo LGTB +. Según explicaba Patricio hace un par de años, sus problemas de seguridad comenzaron cuando se puso a defender los derechos de las mujeres trans, un colectivo que considera especialmente vulnerable.

Entre agosto y octubre de 2012, Patricio recibió varios mensajes de texto amenazantes, en los que se hacía referencia de manera despectiva a su orientación sexual. El 22 de enero de 2013, cuando el personal de OPROUCE estaba fuera de la oficina, personas desconocidas entraron en las instalaciones y pintaron en el muro del patio interior un mensaje que amenazaba de muerte a Patricio.

Ese mismo año, el activista se trasladó a Barcelona y poco después, en 2014, fue reconocido como refugiado. Actualmente, trabaja en atención al público en el aeropuerto. Lamenta haber tenido que dejar el activismo a un segundo plano, pero esto no implica una renuncia de su compromiso con los derechos del colectivo LGTB +. “Siempre que tengo la oportunidad, me gusta continuar involucrándome y dejar mi grano de arena en esta tarea”, afirma.

» Entrevista

> ¿Qué destacarías de tu labor en Honduras en defensa de los derechos humanos?

La proximidad y el trabajo de concienciación con elementos de la policía local y miembros de la clase política de la ciudad. Encontrándonos con ellos, conseguimos que la organización fuera reconocida y que su tarea recibiera apoyo a nivel político, con participación activa en los proyectos de desarrollo ciudadano.

> ¿Qué cambia para el colectivo LGTB + a raíz del golpe de Estado de 2009?

Los avances obtenidos se redujeron casi a cero. La estrategia política dejó de lado nuestras negociaciones en relación a la participación y la inclusión en la toma de decisiones. La Iglesia fue uno de nuestros grandes opositores, uno de los detonantes para el retroceso que experimentamos. Igualmente, comenzó una “caza” contra los agentes de cambio y muchos activistas de nuestro colectivo fueron asesinados.

> ¿Cuáles son las principales reivindicaciones del colectivo LGTB+ en Honduras?

Recuperar la presencia en la agenda política, conseguir participar en la toma de decisiones a nivel regional y nacional, y obtener un reconocimiento jurídico para que nuestro trabajo no se vea limitado por condicionantes que invisibilizan nuestras acciones.

> El colectivo LGTB+ hondureño reclama también una Ley de identidad de género.

Es necesaria. A nivel interno, ayudaría al colectivo a desarrollarse de manera más saludable y dejar de lado prácticas de riesgo vinculadas a su condición de clandestinidad. A nivel externo, contribuiría a garantizar el respeto de nuestros derechos como ciudadanos y ciudadanas.

> ¿Cómo vives la llegada a Barcelona, el año 2013?

Mi salida de Honduras fue abrupta. Fue una decisión prioritaria, debido al riesgo que corría mi vida. La llegada a Barcelona me dio la oportunidad de encontrar equilibrio y apoyo. Fue duro, como cualquier proceso de adaptación, pero a diferencia de muchos otros he conseguido una rápida respuesta del Estado frente a mi solicitud de asilo, y eso me ha facilitado la adaptación.

> OPROUCE se desmoviliza tras las agresiones del 2013. ¿En qué situación se encuentra ahora la organización?

Las agresiones obligaron a bajar el perfil de todas las personas involucradas y a abandonar las actividades para no exponer nuestro voluntariado. En ese momento, todo era muy arriesgado para la gente cercana a nuestro colectivo.

En la actualidad, se han retomado algunas acciones; el activismo no debe detenerse siempre que pueda realizarse con ciertas garantías. Los miembros de la junta directiva decidieron reactivar el colectivo en la ciudad de La Ceiba, y continuar así con su labor de información, defensa de derechos y sensibilización de la población en general. Tienen el apoyo de un cuerpo de voluntarios que continúa fiel a nuestra misión como institución. Ahora bien, hay que reconocer que la tarea es muy difícil, ya que tenemos un gobierno con poca calidad negociadora para nuestro colectivo a nivel nacional.