Justino Piaguage

Derechos de los pueblos indígenas y del medio ambiente
Ecuador
Nacionalidad Originaria Siekopai

Justino Piaguage, presidente de la Nacionalidad Originaria Siekopa’ai (Ecuador), es una de las voces más reconocidas en la lucha del pueblo Siekopai por la recuperación de sus territorios ancestrales, de los cuales fueron desplazados durante la guerra entre Ecuador y Perú (1941-1998). Además de la guerra, que provocó el desplazamiento de decenas de personas y dividió familias (algunas se quedaron en el Perú y otros, en Ecuador) y la lucha por la recuperación de un territorio que les pertenece (Kokaya, Pëkëya y Wajoya), Justino Piaguage y su pueblo hace años que tienen que enfrentarse a la deforestación, la caza y la pesca ilegales y el uso agrícola abusivo de la zona en la cual se encuentran. Por si no fuera suficiente, la Nacionalidad Originaria Siekopai también es una de las afectadas por la explotación de la tierra y la contaminación producida por la multinacional Chevron-Texaco. Justino Piaguage fue uno de los primeros demandantes en el caso internacional contra Chevron-Texaco al Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya y es uno de los representantes de la Unión de Afectados por Chevron-Texaco.

¿Quiénes son los Siekopai?

El Siekopai son una nación originaria de la selva Amazónica y se encuentran en un territorio que comprende Ecuador y Perú, en el triángulo que queda entre los ríos Putumayo, Aguarico y Napo. En Ecuador, la nación Siekopai actualmente es de unas 800 personas; y en el Perú consta de unos 1.200 miembros. En total se trata de una nación de unas 2.000 personas. Los historiadores calculan que en el pasado esta nación contaba con 20.000- 40.000 miembros; pero sufrieron los efectos de la colonización y la llegada de nuevas enfermedades de fuera que hicieron que la población disminuyera de manera drástica. Este número tan reducido de integrantes, el proceso de asimilación, el desplazamiento forzado a causa de la guerra entre Ecuador y Perú (1941-1998) y las constantes agresiones en forma de invasiones del territorio hacen que los Siekopai sean altamente vulnerables a la extinción, tanto física como cultural. Ante esta situación, la protección jurídica de las comunidades es una de las piedras angulares para la protección del territorio ancestral.

1941, un antes y un después

Para entender la historia reciente del Pueblo Siekopai, nos tenemos que remontar al 1941, cuando estalló la guerra entre Perú y Ecuador, y empezó el desplazamiento de esta nación originaria a causa de la militarización de las zonas en disputa. El territorio ancestral de los Siekopai, Pë’këya, se encuentra en la frontera —un concepto que los Siekopai no tienen—entre estos dos países, fue declarada área de interés para la seguridad nacional. Los años de la guerra, que duró hasta el 1998, significaron la destrucción del tejido social y territorial de los Siekopai. Muchas familias fueron separadas y el territorio quedó devastado. Los Siekopai tuvieron que irse de su territorio ancestral. Justino Piaguage lo explica así: «Una vez se firmó el acuerdo de paz, en 1998, los Siekopai del Perú y de Ecuador nos reunimos en Wajoya [Perú]y se hizo el primer encuentro. Fue liderado por mi abuela, que conocía las familias Siekopai que habían quedado en el Perú antes de la guerra. ¡Hacía medio siglo que no se veían! Con el fin de la guerra renació la esperanza de poder encontrarnos y reconstruirnos familiarmente; así que nos empezamos a organizar para consolidar nuestra lucha y reclamar nuestros territorios ancestrales: Kokaya, Pëkëya y Wajoya. Lo hicimos a través de la creación de la Organización Indígena Secoya del Ecuador y el Organización Indígena Secoya de Perú.

Además de los efectos de la guerra, esta nación originaria, ahora dividida entre dos países, ha tenido que hacer frente, durante las últimas décadas, a la intervención de empresas petroleras en el territorio y la puesta en marcha de las plantaciones de palma africana, que suponen una gran amenaza para su modo de vida, sus tradiciones culturales y su supervivencia.

Pëkëya, epicentro de la espiritualidad y la memoria Siekopai

Los Siekopai fueron desplazados de Pëkëya, territorio también conocido como Lagartococha —por la gran cantidad de salamandras que pueblan el terreno— el 1941, cuando estalló la guerra. . Desde la década de los noventa, esta nación originaria reclama, al Ministerio de Ambiente de Ecuador, la adjudicación de este territorio, de gran importancia para el pueblo originario: en Pëkëya se encuentra la cascada Ñañë-Jupo, donde, supuestamente vivió el dios Ñañë-Paina y otros seres importantes de la cultura Siekopai. Es en este lugar donde los Siekopai tienen sus raíces, junto con los territorios de Kokaya y Wajoya, también reclamados. De hecho, fue a Lagartococha donde los Siekopai volvieron cuando estalló la pandemia ocasionada por la Covid-19 en la busca de plantas medicinales y de respuestas.

Si bien el 1998 se firmó el acuerdo de paz entre Ecuador y Perú respecto al control de las fronteras, no fue hasta el 2021 que se emitió una resolución a favor de los Siekopai en la cual se señalaba la responsabilidad del Ministerio de Ambiente y el Ministerio de Defensa por la vulneración de los derechos de los Siekopai. «Se dispusieron medidas de reparación que tenían que ser llevadas a cabo con urgencia y se ordenó la expedición de un título de propiedad sobre el territorio que reconociera que la Nación Siekopai es su propietaria ancestral», explica Amazon Frontlines, una organización formada por abogados en derechos humanos, activistas ambientales, científicos especializados en salud ambiental, periodistas, agricultores, cineastas y antropólogos que apoyan las luchas de los pueblos originarios en su defensa del derecho a la tierra, la vida y la supervivencia cultural de la Amazonía.

Como la resolución del 2021 no tuvo ningún efecto práctico, el septiembre del 2022, los Siekopai decidieron denunciar el gobierno ecuatoriano por no haberlos reconocido como administradores ancestrales de Pëkëya. En el momento que se escriben estas líneas se está llevando a cabo el proceso, que incluye el testimonio de personas mayores, líderes de la comunidad, jóvenes y niños, y la presentación de evidencias de todo tipo que demuestran que ellos son la nación originaria del territorio reclamado. «Si ganamos nosotros, el Estado apelará la decisión y el caso pasará a la segunda instancia. Volveremos a acudir a la corte provincial. Entonces, si volvemos a ganar, el Estado podría poner un recurso de casación, y en este caso iríamos a tercera instancia, que ya es la corte constitucional. Si perdemos, seremos nosotros quien recorreremos», explica Justino Piaguage.

El caso Chevron-Texaco, David contra Goliat

Desde 1964 y hasta 1990 la empresa multinacional Texaco (comprada por Chevron en 2001), operó en Ecuador. Extrajo millones de barriles de petróleo y ocasionó un ecocidio sin precedentes: vertidos tóxicos de petróleo y otros productos químicos, contaminación del suelo y las aguas subterráneas, provocación de incendios descontrolados, etcétera. Las comunidades afectadas, entre las cuales se encuentran los Siekopai, demandaron la empresa, que siempre se ha negado a asumir su responsabilidad. «A pesar de que, en el acuerdo de explotación, la transnacional se comprometía a utilizar las tecnologías más seguras de la época, esto nunca ocurrió. En Ecuador, Texaco decidió no emplear una tecnología que había patentado y que disminuía considerablemente los impactos negativos de las operaciones extractivas, aunque ya la usaba en los Estados Unidos. La transnacional decidió deliberadamente aplicar técnicas obsoletas, lo cual le reportó mayores beneficios económicos. Durante los años en que Texaco estuvo en Ecuador, perforó y operó 356 pozos de petróleo y abrió al menos 1.000 piscinas a la selva, algunas de manera clandestina, donde se lanzaban residuos de todo tipo», se lee en un informe del Ministerio de Relaciones Exteriores y de Movilidad Humana del gobierno de Ecuador. Si bien las comunidades que demandaron ganaron el juicio en territorio ecuatoriano y se pactó una indemnización millonaria de Chevron-Texaco hacia las personas afectadas, la multinacional recorrió y denunció Ecuador ante el Tribunal de La Haya, donde se exoneró a Chevron-Texaco de sus responsabilidades.

Entrevista a Justino Piaguage

¿Cuál es el valor espiritual de Pëkëya?

¿Por qué es tan importante este lugar para la nación Siekopai? Nuestros antepasados tuvieron que huir de Pëkëya a causa de la guerra, pero nuestros abuelos fueron volviendo de manera esporádica, siempre con mucho cuidado de no ser descubiertos por los grupos militares. Pëkëya es nuestro territorio ancestral: allá se firmaron todos los pactos entre nuestros antepasados y los seres no humanos, por lo tanto, Pëkëya es la cuna de nuestra mitología. Allá se encuentran el camino hacia la inmortalidad y el mundo superior —descubierto por nuestros ancestros tomando el yagé—; también se encuentra el lugar donde vivía el dios Siekopai, etcétera. Todo nuestro legado cultural se encuentra allá; y es por este motivo que tenemos que estar vinculados en este territorio: es sagrado para nosotros. Aquí [el lloc on viuen les comunitats Siekopa’ai actualment]estamos rodeados de actividad petrolera y de monocultivos de palma. Los territorios fueron entregados por el gobierno ecuatoriano mediante concesiones. Estas actividades amenazan nuestra existencia cultural.

¿Cómo os afecta, el monocultivo de palma africana?

Nos afecta de varias maneras. Por ejemplo, el monocultivo de palma africana en nuestro territorio cuenta con unas 20.000 hectáreas y dispone de una planta extractora donde se trabaja con el aceite que se extrae. El agua resultante de los procesos es colocada en unas piscinas, pero como en la Amazonía llueve mucho, estas piscinas a menudo se desbordan y el agua va a parar al río. Es agua tóxica y mueren muchos peces; peces que nosotros consumimos. Este es uno de los impactos. Por otro lado, las carreteras utilizadas para esta actividad hacen que los colonos puedan llegar hasta nuestro territorio para pescar y cazar ilegalmente. Hace tiempo que hacemos monitorización de la zona y hemos detectado furtivos. Cuando los hemos encontrado, les hemos llamado la atención, hemos aplicado la justicia propia y les hemos retirado las armas y los bienes que llevaban. De cara a los próximos meses hemos preparado una campaña potente para parar estas prácticas y en defensa del territorio.

La nación Siekopai forma parte de la Alianza Ceibo. ¿Cuál es el propósito de esta organización?

La Alianza Ceibo está integrada por cuatro nacionalidades de la selva amazónica de Ecuador: los A’y Kofan, los Siekopai, los Siona y los Waorani. Somos pueblos con poca densidad poblacional y hemos creado esta alianza para buscar apoyo entre nosotros. La organización ejecuta y la alianza busca apoyo financiero para las actividades en defensa del territorio.

¿Cuáles son las principales actividades económicas de la nación Siekopai?

Por un lado, tenemos personas que se dedican a los servicios profesionales: profesorado, auxiliares de enfermería, etc. También hay una parte importante de la población que se dedica a acompañar en procesos turísticos, a través de los cuales explicamos a la gente que nos visita aspectos sobre nuestra identidad cultural. Otros se dedican al cultivo del café y la piscicultura. Esta actividad última es la que yo hago. Tenemos una asociación de mujeres que venden ají negro de los Siekopai, yuca, etc. ¡Hacemos de todo!

Cuando estalló la pandemia ocasionada por la Covid-19 ustedes volvieron a Pëkëya.

Fuimos a Pëkëya a buscar respuestas y alternativas. Cuando llegaron los primeros casos de Covid en la comunidad, pensamos: si es una enfermedad que llega de fuera, ellos tendrán la solución [con este ellos, Justino hace referencia a las personas blancas y occidentales]; pero vimos que no era así. En el centro de salud nos daban pastillas de paracetamol que no funcionaban. Murieron dos abuelos de la comunidad. Y aquí nos dimos cuenta que la medicina occidental no nos salvaría. Organizamos una expedición a Pëkëya para recolectar plantas ancestrales que utilizaban nuestros antepasados. Durante algunas semanas fueron casa por casa para recoger los testigos de los abuelos y abuelas y para que nos dijeran qué teníamos que recoger. Así que fuimos a Pëkëya. Fue una alternativa que funcionó. [El territorio de Pëkëya es considerado reserva de producción faunística y es una área protegida por el estado ecuatoriano. Si bien esto implica que se trabaja por la conservación de los territorios, también dificulta el retorno y control de este terreno por parte de los Siekopai].

Usted fue y es uno de los rostros conocidos del caso contra Chevron-Texaco.

Fui uno de los primeros signatarios de la demanda, tenía dieciocho años cuando firmé. Siempre he estado involucrado en esta lucha para que se haga justicia, a pesar de las adversidades que hemos tenido que afrontar. En Ecuador ganamos a todas las instancias; y hemos demostrado hasta la saciedad que la contaminación producida por Chevron-Texaco nos continúa afectando. ¡El terreno continúa emanando sustancias tóxicas y la gente continúa muriendo! En el Tribunal de La Haya, el estado ecuatoriano perdió contra Chevron-Texaco, pero nosotros ya habíamos ganado, porque se demostró que teníamos razón. Lo que pretende Chevron-Texaco es no pagar las indemnizaciones a las 30.000 personas afectadas por su actividad en la Amazonía.

¿Cómo ve la nación Siekopai en veinte o treinta años?

Siento temor, porque soy testigo de cómo las personas sabias de nuestro Pueblo se van perdiendo porque se mueren y veo como cada vez somos más materalistas. Estamos perdiendo nuestra parte espiritual a causa del uso de las tecnologías y la presión social y económica. Sin embargo, también soy optimista, porque veo como algunos jóvenes reclaman la identidad Siekopai y entoman el liderazgo de la causa. En los últimos años veo más jóvenes activos, más compromiso en el liderazgo de las comunidades Siekopai.

Comenta el uso de las tecnologías… ¿Cómo las utilizan los Siekopai?

Las tecnologías tienen muchas ventajas y muchas desventajas. Se tienen que saber utilizar y aprovecharlas de forma que nos beneficie. La tecnología nos ha permitido ver la fortaleza de nuestro territorio y nos ha permitido mejorar nuestra comunicación con el mundo. Somos una nación muy pequeña y sufrimos muchas amenazas, por eso es importante que la gente nos conozca. Ahora sentimos que la comunidad nos ayuda, y tenemos amigos en todo el mundo que nos acompañan en nuestros procesos de lucha. Es nuestra ventana al mundo

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