Nontokozo Sedibe-Sabic

Derechos civiles y políticos.
Sudáfrica

Nontokozo Sedibe-Sabic: “La solidaridad mutua es una de las maneras de descolonizar”

Nontokozo Sedibe-Sabic, activista, mediadora y lideresa comunitaria cuyo trabajo se centra en las prácticas antirracistas y contrarias a la opresión, es fundadora y directora de la asociación Ubuntu co-create.
Oriunda de Sudáfrica, concretamente de Nelspruit Mpumalanga, un township de Johannesburgo, y criada por sus abuelos, Nontokozo comprendió desde niña el significado de las palabras comunidad y racismo: en su casa no paraban de entrar y salir personas de la comunidad, y en la calle los vecinos eran como familiares a los que acudir cuando hacía falta ayuda, mientras que en el país reinaba el apartheid impuesto por la minoría blanca que dominó el país hasta las elecciones libres de 1994.

“Nací durante el apartheid, así que la normalidad era que la Policía llegara de repente, arrestara a estudiantes y lanzara gases lacrimógenos. En esta enérgica lucha por la libertad, jóvenes como mis tíos y tías luchaban en las calles en busca de la libertad. Crecí con esta energía, pero también con miedo: solía ver el pavor en mi abuela, que vivía asustada por lo que pudiera pasarles a sus hijos”, recuerda Nontokozo. “Al mismo tiempo, tuve una buena infancia cuando la Policía y el Ejército no estaban allí: teníamos una especie de energía comunitaria, propia de la filosofía Ubuntu. Si mi abuela no tenía azúcar, era normal que me diera una taza y me dijera que fuera a pedir a la casa de al lado. Y también era normal que, cuando caminabas por la calle, saludaras, respetaras a todas las personas hasta el punto de que tuvieran derecho a disciplinarte si tu familia no estaba allí. Aunque estábamos bajo opresión, la comunidad estaba ahí con sus tradiciones y logramos mantener la esperanza”, añade.

Pese a nacer en una comunidad marcada por la pobreza socioeconómica, gracias al esfuerzo laboral de su madre, Nontokozo no tuvo las dificultades de otras personas negras y pudo educarse en una escuela privada. Integrante de la llamada generación Mandela o arcoíris, la primera que tras el apartheid se educó sin la segregación racial, recuerda que entonces muchos compañeros blancos de escuela vivían asustados, puede que incluso “enfadados”, ante la nueva realidad de Sudáfrica. “Fuimos la primera generación en mezclarse de verdad, y fue difícil para los niños blancos, porque escuchaban cosas negativas que decían sus padres sobre las personas negras; también fue difícil para nosotras, porque tuvimos que adaptarnos a esta nueva era en la que nos mezclábamos con personas que nos temían y con quienes habíamos tenido una historia reciente de violencia”, recuerda.

Años más tarde, Nontokozo puso rumbo a Europa, primero a Croacia y luego a España, para poner en práctica todo el conocimiento indígena y adaptarlo a la modernidad con el fin de establecer comunidades alternativas y luchar contra el racismo. Tras vivir unos años en Navarra, se trasladó a Catalunya, donde mantiene su lucha antirracista en un mundo marcado por el creciente supremacismo blanco de Donald Trump.

“Lo que está ocurriendo en Estados Unidos es solo un ejemplo de la reinvención de la injusticia imperial. En Europa, han aprobado leyes para enviar de vuelta a los y las migrantes y quieren crear un grupo similar al ICE. Estamos ante un resurgimiento del fascismo”, considera. “Los sistemas están diseñados para crear conflicto y separación. Las personas blancas piensan que el racismo significa ser malo, pero no tiene nada que ver con ser buena o mala persona, sino que es algo sistémico, a veces sutil, que aprendemos desde pequeños. Tengo amigos blancos que inconscientemente hacen cosas racistas, y dentro de la comunidad migrante existe racismo hacia las personas negras. La gente le teme al cuerpo negro, que ha sido deshumanizado con la esclavitud, que nos redujo a una propiedad”, lamenta.

Sudáfrica: apartheid y desigualdad en la tierra de Mandela

Sudáfrica, de 63 millones de habitantes y más de un millón de kilómetros cuadrados de extensión, es el país más meridional de África. Potencia económica en la región, en el imaginario colectivo aún quedan los infames años del apartheid y el auge de la esperanzadora figura de Nelson Mandela, que fue el primer presidente negro del país en 1994. Han pasado de aquello más de tres décadas y Sudáfrica sigue dividida, con las poblaciones blanca y negra aún segregadas, aunque ahora bajo el dominio político de la mayoría negra.

La cara de la actual Sudáfrica comenzó a perfilarse con la llegada de colonizadores neerlandeses, franceses y alemanes en el siglo XVII. Conocidos al principio como boers o granjeros, estos colonizadores dominaron los procesos políticos y productivos durante siglos. Entre 1948 y 1994, ya conocidos como afrikáners, instauraron el sistema de apartheid con el que dominaron de forma racista el país pese a representar menos del 5% de la población. Un sistema que, si bien colapsó, dejó como legado una desigualdad que aún condiciona el presente del país. Así, en este territorio lleno de contrastes, en un mismo barrio la imagen puede cambiar drásticamente con solo cruzar una calle, y se pasa de casas sin baños a chalets con piscinas y todos los lujos posibles.

Dirigido actualmente por Cyril Ramaphosa, recientemente Sudáfrica ha copado los titulares de la prensa internacional por dos hechos de resonancia global. Primero fue la denuncia injustificada de Donald Trump en la que aseguró que los granjeros afrikáners están sufriendo un genocidio. Y recientemente, por el nuevo brote de de afrofòbia contra migrantes de países vecinos en el que turbas negras sudafricanas han atacado a migrantes irregulares que buscan oportunidades.

“El deterioro de las condiciones socioeconómicas del país, incluida una tasa de paro superior al 43%, coincidió con el auge del activismo antiinmigrante y la formación de nuevos grupos paramilitares como March and March”, apunta
Human Rights Watch. “Estos grupos utilizan a los extranjeros como chivos expiatorios de los problemas económicos, los deficientes servicios y los altos índices de delincuencia en Sudáfrica, pese a los estudios que desmienten estas afirmaciones”, añade esta organización que subraya que, periódicamente, han ocurrido brotes de afrofobia desde 2008. Que en 2026 resurjan, refleja la tensión actual en el país.

Entrevista a Nontokozo Sedibe-Sabic


Es directora de la asociación Ubuntu, que apuesta por combinar la sabiduría indígena con métodos occidentales. ¿Cuáles son sus principales áreas de trabajo?

En este momento, la principal área de trabajo está en las formaciones y las consultorías. En los últimos años, específicamente en España, el racismo ha cobrado protagonismo, y me centro en impartir capacitaciones sobre antirracismo para organizaciones e individuos; también, medio en conflictos que surgen en organizaciones en términos de racismo y otras opresiones. Mi enfoque para las capacitaciones, que abarcan la sostenibilidad, la comunidad y la lucha contra la opresión, se basa en prácticas indígenas en las que se establecen espacios seguros para superar el trauma. Además, ofrezco espacios para que las personas blancas procesen su propio supremacismo, y es algo que lleva toda la vida, e imparto talleres para migrantes donde compartimos el trauma de la migración y la colonización, sanamos las heridas y creamos espacios de alegría, descanso y creatividad.


Para luchar contra el sistema capitalista, ¿es posible adaptarse a él o deberíamos organizarnos en comunidades paralelas?

Lo ideal sería salirse del sistema, pero es muy difícil, casi un sueño utópico. Vivo en comunidad y estuve involucrada en el movimiento de ecoaldeas en Europa y, aunque seamos comunidad, seguimos estando bajo el capitalismo. Para vivir fuera del sistema, prácticamente tendrías que desaparecer, aunque hay ejemplos válidos de economías alternativas y sistemas de autogobierno como la sociocracia o la holocracia. Por lo tanto, se pueden hacer cosas pequeñas como vivir en comunidad, intercambiar artículos, abrir espacios en barrios donde las personas puedan juntarse. Necesitamos pequeños actos de solidaridad, que también son una forma de comunidad, porque no tenemos que vivir juntos para ser una comunidad. Creo que ahora necesitamos el sentimiento comunitario más que nunca. Necesitamos encontrar formas de conectar con nuestros vecinos, cosas sencillas como intercambiar libros y ropa o dar comida. Estas son las cosas que podemos hacer y aún no son ilegales.

Ha escrito un capítulo del libro Tejer comunidades. Invitación a pensar la vida en común , que recoge la experiencia de una cooperativa. ¿Qué se debe tener en cuenta a la hora de iniciar una aventura comunitaria? ¿Qué obstáculos se encuentran en el camino?

La mayoría de las comunidades fracasan en los dos primeros años, y la razón es que el sueño inicial es muy ambicioso. Al convivir a diario, llegan las complicaciones. Hay que decidir qué tipo de comunidad se quiere construir, y a veces el sueño no es el mismo para todas las personas. Por eso, hay que tomar decisiones sobre la economía, porque seguimos en un sistema capitalista y hay que producir dinero, o sobre temas como la comida: ¿cuánta se va a cultivar, será suficiente? La vida cotidiana genera muchos conflictos y, si la comunidad no tiene un acuerdo claro sobre cómo manejarlos, surgen problemas. La diferencia entre la comunidad en Sudáfrica y la comunidad en Europa es que, de donde vengo, el primer grupo de personas de la comunidad son los miembros de la familia. Y esto ayuda mucho: aceptamos a las personas tal y como son, sin expectativas; no esperamos que sean nada más que ellas mismas. En Europa, las comunidades quieren que las personas se comporten de una manera determinada. De ahí el dicho “encuentra la tribu en la que encajes”. Ha pasado mucho tiempo desde que Europa estuvo conectada a la comunidad, y el individualismo es hoy muy fuerte, incluso una forma de éxito, y la interdependencia se ve como una debilidad. Como africanas, aunque la colonización nos afectó, no nos arrebató el Ubuntu.

 

Sudáfrica sufrió el apartheid. El religioso Desmond Tutu se refirió al Ubuntu. ¿Qué es la filosofía Ubuntu? ¿Por qué puede solucionar algunos de los problemas del mundo?

Ubuntu viene de la palabra Umuntu, que significa la persona, el “soy porque somos”. No somos una isla, se es humano gracias a otros seres humanos. Tenemos que cuidarnos los unos a los otros, crear sistemas justos y conectar con la Tierra. Ubuntu es eso. Es tener consideración hacia tu vecino; no puede ser que tú tengas todo y él no tenga nada. Ubuntu nos ayudó a sobrevivir al apartheid. Ahora hay mucha afrofobia en Sudáfrica. Es común culpar de los problemas al extranjero, al inmigrante, en lugar de mirar al Gobierno y al legado del apartheid. Ante esta situación, mucha gente está llamando al Ubuntu; necesitamos recordar quiénes somos y buscar sistemas equitativos para repartir los recursos.


El pueblo sudafricano lucha por preservar tradiciones como la filosofía Ubuntu, pero el mundo cambia rápidamente, y con internet los contenidos y las culturas se vuelven globales. ¿Cómo están las redes sociales cambiando, moldeando o incluso destruyendo las tradiciones?

Antes, culpábamos a la televisión por traer esa cultura estadounidense y reprendíamos a los jóvenes por querer imitar el estilo de vida occidental. Ahora viajamos, tenemos acceso a las redes sociales y, por tanto, estamos más influenciados. Como resultado, nos hemos vuelto más individualistas. Esta es la verdad: el Ubuntu está muriendo lentamente. Al mismo tiempo, hasta cierto punto todavía mantenemos rituales y celebraciones. Pero en la vida cotidiana sí, el Ubuntu está muriendo. Vivimos un poco al estilo occidental; esa costumbre de ir a casa del vecino a pedir azúcar ya no existe, excepto en los pueblos. En la ciudad, prima el individualismo. Lamentablemente, muchos jóvenes viven según el estilo de vida colonial europeo.

 


En África, la colonización persiste con gobiernos títeres. ¿Cómo percibe el proceso de colonización y su evolución?

La colonización nunca ha abandonado África y se transformó en neocolonialismo. Simplemente, en algunos países los blancos se fueron físicamente y dejaron gobiernos títeres. En Sudáfrica, en concreto, la gente blanca nunca se fue y, tras el fin de la colonización, tuvimos el apartheid. Creo que la colonización es una enfermedad que comenzó en Europa con el imperialismo, el supremacismo, el patriarcado y el capitalismo. No se puede hablar solo de uno de ellos y excluir al resto porque están interconectados. Por eso, como pueblos, necesitamos encontrar formas de ser solidarios entre nosotros, y esta solidaridad mutua es una de las maneras de descolonizar. No podemos ser indígenas como solíamos ser, pero sí podemos encontrar alguna forma indígena que funcione. Ubuntu es una de ellas. Cuando te preocupas por tu prójimo, cuando cultivas alimentos orgánicos y los compartes, caminas por el buen camino y estás descolonizando.

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