Asria Mohamed nació y creció en los campamentos de refugiados saharauis en Argelia. Periodista y artista, actualmente vive en Oslo (Noruega), desde donde continúa trabajando por la causa saharaui a través de conferencias y eventos públicos. Su tarea divulgativa sobre la cuestión saharaui a través del Comité Noruego de Apoyo al Sáhara Occidental se complementa con el trabajo y asesoramiento a todas las personas interesadas en el tema. La periodista presenta y produce un podcast sobre la causa del Sáhara Occidental, y en los últimos años ha centrado sus esfuerzos en sacar adelante un proyecto muy personal: Jaimitna.
Jaimitna viene de jaima, y es un proyecto de arte y narrativa sobre los derechos humanos. Es una instalación artística que consiste en una jaima; dentro hay melfas de diferentes mujeres saharauis defensoras de los derechos humanos y cada una tiene asociado un QR que te lleva a su historia. “La documentación de la historia y de las historias es muy importante. Una de las razones por las cuales la causa del Sáhara Occidental no se conoce fuera de España o fuera del Sáhara es porque hay una falta de documentación y una falta de escritura, puesto que nuestra cultura es oral. Somos una sociedad muy oral, lo cual es bueno, pero cuando estás oprimido y bajo ocupación, se convierte en una debilidad: nosotros no escribimos nuestra historia, pero Marruecos sí que lo hace”, explica Asria durante esta entrevista. La defensora insiste que una de sus tareas como defensora es “combatir la narrativa marroquí y la apropiación cultural”.
A pesar de haber nacido en los campamentos de refugiados, Asria Mohamed no tiene un recuerdo triste de su infancia. “Tuve una infancia feliz: no teníamos hora de ir a dormir y jugábamos descalzos. No teníamos demasiadas cosas, pero éramos felices. No te das cuenta de cómo es tu vida porque todo el mundo vive en las mismas condiciones. Cuando sales de los campos es cuando te llevas una sorpresa y piensas: ‘¿Por qué a nosotros?’”, explica. “Entonces la tristeza se convierte en rabia porque te das cuenta de que esto pasa por la ocupación y porque la comunidad internacional lo permite”. Insiste en el hecho que dos verdades pueden ser perfectamente viables al mismo tiempo: “Tuve una infancia feliz, pero no fue una infancia perfecta. Tuve una infancia feliz al mismo tiempo que sufría desnutrición, pero yo solo recuerdo las cosas buenas”.
El Sáhara Occidental, cincuenta años de ocupación y olvido
La historia de Asria Mohamed es la de tantas y tantos saharauis que han nacido y crecido en los campamentos de refugiados en Argelia. Territorio no descolonizado, en 2025 se conmemoran cincuenta años de la ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos. Concretamente, el 6 de diciembre de 1975, más de 300.000 marroquíes llegaron procedentes del norte y ocuparon el territorio saharaui. Este acontecimiento, que marcaría el inicio de la ocupación, recibió el nombre de la “Marcha Verde”. Antes de este movimiento, orquestado por el monarca que reinaba en aquel momento, Hassan II, el Sáhara Occidental era considerada la provincia 53 del Estado español.
Si bien el Gobierno español, que hasta aquel momento administraba el territorio, se comprometió a organizar un referéndum, esto nunca pasó. Un poco antes, en 1973, se había creado el Frente Popular por la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro; que más tarde se convertiría en lo que hoy conocemos como el Frente Polisario. Cuando los ataques militares por parte de Marruecos en el territorio ocupado se intensificaron, una parte importante de los saharauis se vieron obligados a huir. Se instalaron en campamentos de refugiados en el país vecino, Argelia. La situación se ha mantenido así hasta el día de hoy. Los que se quedaron en el Sáhara Occidental, y también las generaciones actuales, tienen que convivir con la represión del régimen marroquí, las detenciones arbitrarias y las persecuciones. La libertad no es una opción en el Sáhara Occidental, pero tampoco lo es en Marruecos, puesto que este es un tema tabú para la población marroquí.
El Estado español se marchó del Sáhara Occidental de manera definitiva en 1976; Mauritania, que se había quedado una parte del territorio en los Acuerdos de Madrid —firmados entre este país, Marruecos y España en 1975—, se retiró del Sáhara Occidental en 1979.
En 1991, la ONU estableció la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) y se firmó el alto al fuego (hasta aquel año se había llevado a cabo una lucha armada intensa entre el Frente Polisario y el ejército de Marruecos). El conflicto armado en el Sáhara Occidental se reactivó en noviembre de 2020, después de que Marruecos interviniera militarmente contra civiles saharauis en la zona desmilitarizada del Guerguerat, rompiendo el alto al fuego vigente desde 1991. Desde entonces, Marruecos ha intensificado los ataques con drones contra militares y dirigentes políticos, causando la muerte de decenas de combatientes y varios altos cargos del movimiento. Entre las víctimas figura Lahbib Mohamed Abdelaziz, miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario, muerto en un ataque en junio de 2026.
Los Acuerdos de Abraham
La firma de los Acuerdos de Abraham, en diciembre de 2020, ha supuesto un punto de inflexión en este conflicto. A través de este acuerdo, Marruecos normalizó las relaciones diplomáticas y económicas con Israel, cosa que hizo que Estados Unidos reconociese el dominio de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. En 2023 también Israel reconoció la soberanía marroquí sobre el territorio saharaui. Un año antes, en 2022, y de manera unilateral y sin consulta parlamentaria, el Gobierno español inició una nueva etapa de relaciones bilaterales con Marruecos y cambió su postura sobre el Sáhara Occidental.
De manera más reciente, el 31 de octubre de 2025, la ONU presentó la resolución 2797, por la cual se renueva el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026 y se abre una puerta a la consolidación del dominio de Marruecos en el territorio. Durante la votación se abstuvieron China y Rusia. La nueva resolución otorga a “la región autónoma del Sáhara” una serie de competencias, pero asuntos clave como la religión, Defensa o Exteriores continúan en manos del régimen marroquí. En este contexto, el referéndum se contempla como una opción, pero no como algo incondicional.
En último lugar, es importante destacar que, a pesar de que durante el último año en Marruecos han tenido lugar una serie de protestas protagonizadas por la Generación Zeta, la juventud —y, en general, la población marroquí— continúa sin mirar hacia las reivindicaciones de autonomía del Sáhara. Junto con el no cuestionamiento del rol de la monarquía, esta es una de las líneas rojas del país. Mientras tanto, las personas refugiadas en Argelia continúan viviendo en condiciones infrahumanas y los saharauis que aún viven en el Sáhara Occidental están sometidos a la represión y la violencia. El bloqueo mediático por parte del régimen marroquí hace que la mayoría de las informaciones sobre lo que pasa en los territorios ocupados no trascienda internacionalmente, lo cual convierte el conflicto en una guerra olvidada.
¿Cuál es la historia de Asria Mohamed y por qué te dedicas a la defensa de los derechos humanos?
Nací y me crié en los campamentos de refugiados saharauis e hice mis estudios de periodismo en Argelia. Después trabajé en la radio saharaui en los campamentos de refugiados y llegué a Noruega a finales de 2010 a través de un programa de intercambio. Más tarde, hice un máster en comunicación y medios. Esta es la historia de muchos inmigrantes, o de la mayoría: el plan nunca fue quedarme. Una de las razones detrás de la elección de estudiar comunicación fue poder explicar la historia del pueblo saharaui.
Cuando llegué por primera vez a Noruega, me sorprendí. Cuando estaba en los campamentos, de pequeña, siempre veía extranjeros que venían a visitarnos, sobre todo españoles. Venían fotógrafos y nos hacían fotos; también gente de la ONU. Y en mi mente pensaba que todo el mundo sabía qué era y en qué situación se encontraba el Sáhara Occidental. Pero cuando llegué a Noruega me di cuenta de que esto no era así. A menudo, cuando me presentaba y decía era del Sáhara Occidental, la gente no sabía nada. “¿Es un país?”, me preguntaban. Vi que mucha gente no sabía nada de nosotros; y que en Noruega no había apenas saharauis. Pensé que hacía falta hacer algo al respecto, y veinte años después a esto me dedico.
¿En qué consiste tu trabajo con el Comité Noruego de Apoyo al Sáhara Occidental?
Antes de trabajar en el Comité, y durante muchos años, simplemente era una saharaui que no hablaba noruego, que no conocía bien el país y que luchaba para conseguir los papeles. Pero, si encontraba cualquier ocasión para hablar del Sáhara Occidental, lo hacía. A finales del 2015, comencé a trabajar con el Comité Noruego de Apoyo al Sáhara Occidental. Somos una organización pequeña, básicamente, somos dos personas. El 80% de mi trabajo consiste en viajar por Noruega y hacer charlas sobre el Sáhara Occidental. Noruega es un país enorme geográficamente; pero yo he estado en todas partes. Hago charlas en instituto de secundaria, voy a universidades, hablo con partidos políticos y sindicatos… Básicamente, utilizo cualquier plataforma para dar visibilidad a la causa.
También trabajo en el ámbito de la defensa de los derechos humanos sobre el terreno con los saharauis que viven en los territorios ocupados. A lo largo de los años, he combinado las dos tareas: por ejemplo, he recibido defensores de los derechos humanos saharauis y he viajado con ellos, haciendo de traductora o acompañante.
Por otro lado, no es lo mismo oír hablar de algo que verlo con tus propios ojos. Como crecí en los campos de refugiados, conozco el territorio, así que desde el 2018 viajo a los campos junto con políticos de todos los partidos de Noruega, desde la derecha hasta la izquierda. Los llevamos a los campos de refugiados durante algunos días para que conozcan la causa de primera mano. Les explico y enseño la situación, y después depende de ellos actuar o no.
Después de hacer más de mil presentaciones, he aprendido diferentes cosas, y una es que donde más me gusta hablar es delante de gente joven. La gente piensa que a los jóvenes no les importa nada, pero no es así. Les damos mucha información, pero no les decimos cómo tienen que actuar. No hace falta que todo el mundo sea activista, pero se pueden hacer pequeñas acciones.
En una ocasión, en una entrevista, dijiste: “No sé si lo que hago sirve para alguna cosa, pero seguro que es mejor que no hacer nada”.
Exacto. Estoy muy agradecida de poder formar parte de esto y, especialmente, de poder hablar con gente joven. Porque a veces, tal como va el mundo, hay gente que piensa que no hay nada que hacer, que todo está destruido.
El pueblo saharaui ha sido uno de los más afectados por los recortes internacionales en materia de ayuda humanitaria.
La causa no se conoce, no es visible en los medios y no se difunde por los políticos, esto la hace vulnerable a no recibir suficiente atención, suficiente ayuda, suficiente acción política. A nosotros nos impactó mucho la crisis ocasionada por la COVID-19, después vino la guerra de Ucrania y, más tarde, los recortes. Todo esto ha afectado a los campos de refugiados.
En los territorios ocupados hay un gran bloqueo mediático, por eso todo el trabajo comunicativo que se haga es importante.
Hay mucha gente haciendo muchas cosas, como los periodistas que trabajan desde los territorios ocupados, en condiciones inhumanas. Lo arriesgan todo para informar, incluso la vida. Pero hay que hacerlo, porque el conocimiento que hay en España sobre el Sáhara no es el conocimiento que hay en otros países. En Noruega casi no se escribe nada sobre el Sáhara Occidental.
Los saharauis sabemos que nuestra causa no es una prioridad. Los países se llenan la boca hablando de valores o derechos, y España es un buen ejemplo de ello. Pedro Sánchez habla de Ucrania y de Palestina, pero calla con el Sáhara Occidental. Los saharauis somos víctimas de los juegos económicos y políticos, por eso debemos encontrar una nueva manera de explicar nuestras historias para llegar a más gente, más allá de los medios de comunicación tradicionales. Porque continúan pasando cosas: hay saharauis en la cárcel, saharauis que son torturados y un territorio que se está vaciando de jóvenes porque no hay trabajo. Mientras seas activista político —o que lo sea alguien de tu familia—, nunca tendrás ni dinero ni trabajo. Llevan a cabo un estrangulamiento económico. Los jóvenes tienen que arriesgar la vida para emigrar. Es una violencia enorme, pero no en el sentido tradicional —bombardeos o guerra abierta—. Yo siento que la historia de los saharauis no se explica suficientemente.
Con la puesta en marcha del nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo (PEMA) y la Directiva de Retorn,
la UE ha pasado a considerar a Marruecos tercer país seguro y país de origen seguro.
Los saharauis hemos ganado casos judiciales contra la Unión Europea en los tribunales y, aun así, la UE continúa haciendo acuerdos con Marruecos. Es decir, la UE conoce la situación de los derechos humanos en Marruecos y en los territorios ocupados del Sáhara Occidental, pero eligen no tenerlo en cuenta. La UE está tan desesperada por encontrar soluciones al tema migratorio, que realmente no le importa si Marruecos vulnera los derechos humanos o el derecho a la autodeterminación.
Haciendo de lobbista en el Parlamento Europeo, he aprendido que Marruecos es y siempre será un vecino estratégico importante para la UE. Siempre será importante en materia de comercio, seguridad y migración. Nosotros no tenemos ningún problema con que la UE colabore comercialmente con Marruecos, pero esto no tendría que pasar por delante de los derechos humanos. Dar a Marruecos esta posición de prestigio hace que los saharauis y los marroquíes que se oponen al régimen estén desprotegidos. En Europa os gusta criticar a Estados Unidos porque sus intereses políticos pasan por encima de los derechos humanos, pero la Unión Europea no es mejor.
Durante otoño de 2025 se produjeron una serie de protestas en Marruecos, lideradas por la Gen Z, pero no incluían las demandas del pueblo saharaui. La sociedad marroquí continúa obviando el tema o considerándolo tabú, ¿no?
Las manifestaciones estuvieron muy bien porque el régimen marroquí siempre silencia las protestas. La gente se manifestaba por el acceso a derechos básicos como la salud o la educación. Lo que no saben es que la situación en El Aaiún es todavía peor. Lo que le pasa a la sociedad marroquí es que ha deshumanizado a los saharauis. En los medios marroquíes se nos presenta como “la gente de las provincias del sur” y se dice de nosotros que somos perezosos, que vivimos de las ayudas sociales, que somos unos traidores y una amenaza a la unidad del país. Esto nos deshumaniza.
La sociedad marroquí tiene que entender que los saharauis no somos sus enemigos. De hecho, la Generación Z y los saharauis tienen un enemigo común: la monarquía y el Majzén. Es el gobierno quien no está dando derechos básicos ni a los marroquíes ni tampoco a los saharauis que viven en los territorios ocupados. ¿Por qué existe esta desconexión? Pues porque en Marruecos criticar al rey, a la religión o a la soberanía es peligroso. Hablando con jóvenes marroquíes progresistas entendí que no quieren tocar esta causa porque si lo hacen perderán, por ejemplo, el derecho a tener un partido político, a tener su sindicato. Creo, además, que los marroquíes todavía desconocen los sufrimientos de los saharauis porque se dejan llevar por la propaganda.