Roland Mimi Ngoy

Derecho a la Paz
República Democrática del Congo
Union des Jeunes pour la Réussite de l’Avenir et de Dignité RDC

Roland Mimi Ngoy lleva seis años viviendo en Tarragona, pero su compromiso con su país de origen, la República Democrática del Congo (RDC), no ha cesado. Graduado en economía del desarrollo por la Universidad Católica del Congo y técnico en marketing y publicidad, este activista político es uno de los fundadores de la Union des Jeunes pour la Réussite de l’Avenir et de Dignité RDC (Unión de Jóvenes por el Éxito del Futuro y la Dignidad de la República Democrática del Congo). Como él mismo explica, ya desde muy joven, mientras iba a la escuela, estuvo involucrado en distintas iniciativas, tanto deportivas como culturales.

“Mi madre, mis hermanas y yo salimos de la casa de mi padre cuando yo tenía 5 años; nos echaron, así que nos fuimos a vivir con los abuelos. Yo estudié en los maristas y durante muchos años fui delegado, representante del alumnado. En 2012 fui elegido presidente de los alumnos maristas y en 2013 surgió la oportunidad de ir a Brasil a unas jornadas mundiales de la juventud. Allí aprendí muchas cosas sobre organización y asociacionismo. Fue muy inspirador”. Aquel viaje a Brasil le daría el impulso necesario para crear, en 2014, la Union des Jeunes pour la Réussite de l’Avenir et de Dignité RDC. Fue durante los años de universidad cuando llevó el activismo al terreno: empezó a organizar charlas, reuniones, encuentros con otros jóvenes, etcétera, con el objetivo de denunciar la situación en la que se encontraba el país.

“En aquel momento, Joseph Kabila presidía el país; quería cambiar la Constitución y anular la convocatoria de elecciones, así que inicié una campaña que llevaba por título La buena ciudadanía. Recorríamos distintos espacios, como iglesias, mercados o escuelas, para explicar qué significa ser un buen ciudadano, porque era importante reclamar nuestros derechos y pedir que se respetara la Constitución del país”. Fue también en esa época cuando su activismo empezó a darle problemas con las autoridades; dificultades que fue sorteando gracias a la suerte de vivir en casa de su abuelo, que había sido general de Mobutu, expresidente de la RDC. “Cuando se daban cuenta de dónde vivía, me dejaban en paz”, explica.

En 2015 se iniciaron unas marchas para reclamar la convocatoria de elecciones; ahí sí, las dificultades para ejercer su activismo empezaron a ser más serias. “Hubo un día en que la gente del presidente me persiguió hasta casa. No pasó nada, pero le advirtieron a mi abuela que tuviera cuidado. Mi madre, que ya se encontraba en España, se preocupó mucho por esta situación, así que, como todavía estaba estudiando, tramitamos un visado de estudios para que pudiera salir del país”. Y así fue: en 2018, Roland Mimi Ngoy consiguió una plaza en un instituto de formación profesional de grado superior y se instaló en Tarragona.

En esta ciudad ha trabajado como voluntario en Cruz Roja, la Associació Quilòmetre Zero y la Xarxa Antiracista.

 

República Democrática del Congo y Ruanda, tensiones por el coltán y el cobre

En 1994 se produjo uno de los primeros genocidios televisados: el que se cometió en Ruanda contra los tutsis y en el que fueron asesinadas unas 800.000 personas (el 70% de la población tutsi) en apenas tres meses (entre el 7 de abril y el 15 de julio de 1994). Tras el genocidio, una parte importante de los autores de las matanzas, en su mayoría hutus, huyeron al país vecino: la RDC. Allí, estos hutus fundaron las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda (FDLR). Para, supuestamente, combatir a esta milicia, en 2012 apareció el M23 (Mouvement du 23-Mars), un grupo también miliciano que cuenta (a pesar de que Ruanda lo niega) con el apoyo del régimen ruandés.

En enero de este año, el M23 conquistó las principales ciudades de la región de Kivu y desde entonces los ataques entre el ejército congoleño y la milicia ruandesa no han hecho más que aumentar, lo que ha provocado un desplazamiento masivo de población civil y una situación alarmante: desde principios de 2025, se calcula que unas 7.000 personas pertenecientes a la sociedad civil, es decir, no combatientes, han muerto a causa de la intensificación de las hostilidades entre las dos facciones. Según ACNUR, la agencia de Naciones Unidas para las personas refugiadas, a finales de 2024 había casi siete millones de personas desplazadas internamente a causa de la violencia, más de 5 millones de ellas en las provincias orientales de Kivu del Norte, Kivu del Sur e Ituri. También hay casi un millón de personas refugiadas que han huido de la RDC y que han solicitado asilo en otros países del continente africano. Diversas organizaciones humanitarias, y también el Parlamento Europeo, han advertido de que la violencia sexual contra las mujeres ha sido y está siendo utilizada como arma de guerra.

La pugna entre el ejército congoleño y el M23 tiene como objetivo controlar la explotación de materias primas, sobre todo de coltán y cobre. A tal efecto, desde hace años, el M23 se lucra del contrabando de minerales congoleños hacia Ruanda; un país, en principio, sin reservas de dichos minerales, pero que desde enero de 2025 ha conseguido ingresar el doble de dinero por exportaciones hacia China que su país vecino, la RDC (que es donde realmente se encuentran las minas).

 

Un acuerdo incierto y muchos intereses

Hace apenas unas semanas, el gobierno congoleño y el M23 firmaron un acuerdo de paz y se comprometieron a trabajar por el cese de las hostilidades. En los próximos meses, la RDC deberá disolver las *FDLR (y repatriar a sus combatientes a Ruanda) y el M23 deberá retirarse del suelo congoleño.

El acuerdo ha sido propiciado por Estados Unidos; y como recompensa por la mediación y por la protección militar que este país ofrecerá a la RDC, recibirá una serie de concesiones de explotación de minerales. Félix Tshisekedi, presidente congoleño, ya se ha comprometido a ello. Se trata de un acuerdo jugoso para Estados Unidos, ya que le permitirá empezar a competir con el gobierno chino por la explotación de materias primas —minerales, sobre todo, fundamentales para llevar a cabo la transición energética— en el continente africano. Tal como escribía recientemente el periodista especializado en el continente africano Jaume Portell Canella: “La entrada de capital occidental en el sector minero congoleño ha sido uno de los retos pendientes tanto de la UE como de Estados Unidos durante los últimos años. Ante el liderazgo de China en el refinado de minerales clave para la transición energética, Occidente quiere recuperar el terreno perdido. Es una disputa que se juega sobre el terreno de la RDC, donde China lleva años de ventaja”.

Entrevista a Roland Mimi Ngoy

Llegaste a Tarragona en 2018, tras años de activismo en tu país; aquí has continuado con esta actividad y también te has vinculado al tercer sector.

En 2020 me enteré de que la Associació Quilòmetre Zero buscaba mentores sociales para menores. Allí estuve un año siendo mentor de un niño de Senegal. Fue entonces cuando la directora de Quilòmetre Zero empezó a interesarse por el trabajo de activismo que hacía en redes y que tenía como eje todo lo que sucedía en la RDC. Me dijo que apenas había información en español sobre el tema y que podría ser interesante que empezara a dar charlas y cosas similares para explicar la situación. Al principio me costó, porque apenas tenía contactos, pero poco a poco me fui haciendo un hueco y fui teniendo contactos con partidos políticos y otras organizaciones. En 2024 empecé un proyecto que lleva por título “Ojo al Congo”, con la idea de dar visibilidad e información sobre lo que ocurre en mi país. Mandé la información a distintas entidades y partidos y contestaron positivamente, así que empecé a dar charlas en distintos lugares de Cataluña.

¿Cuál es el eje de estas charlas?

Yo defiendo los derechos sociales y políticos. Defiendo el acceso a la escuela y una enseñanza de calidad. En la RDC hay un presidente que habla de la gratuidad de los estudios, pero no de su calidad. En las escuelas congoleñas falta internet en las aulas, mobiliario para el alumnado. ¿Cómo vas a meter a 100 alumnos donde caben 35? Eso no está bien. También lucho por el derecho al agua, a la electrificación del país o al transporte público. Y todo esto es lo que reclamo a través de mis redes sociales. Sin embargo, en las charlas que doy aquí hablo del genocidio. No quiero hablar de la falta de carreteras, porque entiendo que eso no es un problema de España; por eso en las charlas hablo de los minerales y del genocidio que se está produciendo en la lucha por su control, porque este sí es un asunto de derecho internacional, de economía, de globalización. Se vacían las cuencas mineras de mi país para fabricar teléfonos y coches que después se venden en todos los rincones del mundo. Para ello se viola a las mujeres, se mata a niños, se desplaza a la gente.

Las historias del continente africano suelen ser contadas por personas blancas y desde la blanquitud. ¿Qué opinas de lo que se publica en los medios de aquí sobre África?

La mayoría de las informaciones que se publican en España son superficiales y parciales; todo se podría desarrollar más; sobre todo, se debería dar más contexto y señalar a los responsables y los apoyos que reciben. Se debería hablar de las consecuencias psicosociales de toda esta violencia que sufre la población, por ejemplo. Otro problema que he detectado es que se llama a influencers de la comunicación para hablar de ciertos temas cuando apenas los conocen. Esta gente no busca desarrollar una información; solo espera que la escuchen o la lean; además, la información sin contexto no sirve de nada. Hay que desarrollar la información para que la gente entienda exactamente de dónde viene el problema, cómo empezó, cómo se desarrolló y cuáles son los obstáculos, en este caso para la paz. Porque nosotros sí, queremos paz, pero también queremos justicia. Las víctimas la merecen, y todo el pueblo congoleño.

No se habla de los responsables.

Para que la gente entienda un conflicto, una situación, sea la que sea, hay que contarle las historias de manera completa: desde el origen, pasando por los testimonios y explicando las consecuencias. Si solo contamos con los testimonios de las víctimas, se generará un relato de pena, pero no se habrá explicado el problema, con lo cual la gente no se movilizará. 28

¿Cuál es ahora mismo la situación en la RDC? [Esta entrevista se llevó a cabo unos días antes de la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno congoleño y las milicias del M23, favorecidas por Ruanda].

Está todo el conflicto con el M23; y a nivel interno, el país está muy crispado y hay una polarización muy fuerte. El próximo 27 de junio se firmará un acuerdo de paz con Ruanda en el que se menciona la integración económica regional, el alto el fuego y el cese de las hostilidades, la mutualización de las fuerzas armadas, etcétera. Pero el caso es que el pueblo está dividido. Quienes apoyan al presidente están de acuerdo con los acuerdos que firmaremos; sin embargo, la oposición y una parte importante de la ciudadanía dudamos de este trato, porque Ruanda se irá en paz y seguirá explotando los minerales congoleños, solo que a partir de ahora lo hará de manera oficial, porque la integración económica regional significa eso. Firmaremos un acuerdo, pero quien está invadiendo el país y matando es Ruanda; quien roba nuestros recursos es Ruanda. ¿Por qué se firma un acuerdo de paz sin que haya justicia, sin condenar lo que ha hecho Ruanda? Por otro lado, los militares rebeldes que han violado a nuestras madres y que han matado a nuestra gente volverán, bajo unas condiciones que todavía desconocemos, a integrarse en las fuerzas armadas del país, algo que nosotros no queremos.

¿Cuáles han sido los principales obstáculos que te has encontrado en Cataluña?

Iba a decir el idioma, pero no sería cierto, porque lo aprendí en tres meses. Por otro lado, no he tenido que enfrentarme a problemas de racismo, pero sí he tenido que pelearme en el ámbito jurídico y administrativo por el tema de la residencia. Sin la residencia, no puedo desarrollar mi actividad con total libertad, no puedo desplazarme. En la actualidad no estoy en una situación administrativa regular, y eso me limita mucho, sobre todo a la hora de financiar el activismo y lo que estamos llevando a cabo en la RDC.

¿Qué objetivos políticos tienes en lo profesional?

En diciembre de 2020 decidí entrar en política, porque me di cuenta de que nada puede cambiar si no se avanza en lo político. Entré en un partido de allí, pero estaba financiado por Kabila, así que cuando me di cuenta me fui; y en 2023 creé mi propio partido: Dignité Congo, del que soy el presidente. Me presentaré como candidato a las elecciones de la Diputación Nacional [el Congreso] en 2028; después, en 10 años o más, me gustaría presentarme a la presidencia. Paralelamente, aquí estoy intentando conseguir todos los papeles para poder seguir desarrollando mis actividades y trabajando, porque no puedo vivir en un país en el que no pueda trabajar. Es una cuestión de dignidad. En mi país soy el presidente de un partido político, y aquí tengo que estar escondido en casa. Si no consigo todos los papeles aquí, tendré que volver a la RDC.

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