Zainab Fasiki

Derechos de las mujeres.
Marruecos
Libertad de expresión y de opinión
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Zainab Fasiki (Fez, 1994) es una ilustradora y activista marroquí por los derechos de las mujeres. Actualmente instalada en Casablanca, esta ingeniera mecánica de formación empezó a dibujar a la temprana edad de 15 años y hoy es una de las figuras más destacadas del arte marroquí.

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Procedente de una familia humilde y la única mujer entre seis hermanos, el camino de Zainab Fasiki no ha sido nada fácil: «Vengo de una familia muy modesta: mi padre es un artesano de la medina de Fez y mi madre trabaja en casa. Tengo cinco hermanos varones y cuando entré en la adolescencia me di cuenta de que a mí se me controlaba mucho más. Yo no tenía la misma libertad que ellos: no podía ir a ningún sitio. Hoy en día, mis padres se han dado cuenta de ello y me han pedido disculpas; pero sí, aquello fue un punto de inflexión en mi vida», explica. Así es como nació su inquietud por dibujar todo aquello que no comprendía.

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Fruto de su propia experiencia como mujer y tras vivir de manera sistemática la discriminación y el acoso sexual en las calles marroquíes, Zainab Fasiki decidió empezar a dibujar cómo se sentía y a mostrar con ilustraciones a qué se enfrentaban ya no solo las mujeres marroquíes, sino las mujeres de todo el mundo. Su trabajo no solo quiere romper tabúes, sino que pretende generar conocimiento. «En Marruecos, la educación sexual o el conocimiento del cuerpo de las mujeres es casi inexistente, así que con mis dibujos también quiero hacer pedagogía», explica. Fasiki también ha abordado en sus viñetas cuestiones como la violencia de género, con mucha prevalencia en Marruecos. Así es como nació el ensayo gráfico Hsouma, que significa «vergüenza»; un cómic que rompe con los tabúes sexuales y de género y que denuncia la discriminación y la cultura de la culpabilización de las mujeres. Actualmente traducido a cinco idiomas, verá la luz en español el próximo mes de octubre.

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Por su trabajo, Zainab Fasiki ha recibido numerosos premios y reconocimientos, como el Premio Amnistía Internacional por los Derechos de la Mujer (2018), ha sido reconocida por la revista Time como líder de su generación, y en 2022 recibió el premio a la valentía en el prestigioso Festival Internacional del Cómic de Angulema. «Este premio fue muy importante para mí porque solo se concede a autores y autoras procedentes de países musulmanes. Es un premio muy especial, y yo fui la primera marroquí en ganarlo». Sin embargo, lo que más ilusión le hizo fue poder recibir en 2023, por parte del Ministerio de Cultura de Marruecos, su tarjeta como artista. «Esto significa que en mi país por fin se me reconoce como artista». Y es que la carrera de Zainab Fasiki no ha estado exenta de obstáculos: desde que empezó a dibujar sus viñetas, la artista ha tenido que hacer frente a críticas feroces por su trabajo y a numerosas amenazas por parte de los sectores más conservadores de la sociedad. «Me han hecho bullying y me han amenazado en diferentes ocasiones. Incluso he tenido que denunciar. Por eso este reconocimiento es tan importante para mí».

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Residencia Women in Power: resiliencia, empoderamiento y futuro para jóvenes artistas

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Desde el inicio de su carrera, Zainab Fasiki tuvo claro que quería ir más allá: además de ofrecer su talento a la sociedad, quería dotar a las nuevas generaciones de jóvenes de las herramientas necesarias para que puedan empoderarse. Así es como nació en 2018 Women in Power, una iniciativa que busca empoderar a las niñas y adolescentes marroquíes a través del arte. «El objetivo era y es formar a chicas y mujeres con aspiraciones artísticas, pero que no tienen el apoyo de sus familias. A mí me había pasado eso: yo quería ser dibujante pero acabé siendo ingeniera por la presión social. Lo dejé al poco tiempo para orientar mi carrera hacia el arte. En 2018 me dejaron un espacio cultural en Casablanca y empezamos a llevar a cabo algunos talleres: fueron todo un éxito. Y así hasta el día de hoy. Hay muchas personas con sensibilidad artística que no se pueden formar y no tienen oportunidades. Es algo que no hago por dinero, sino porque realmente creo en el proyecto. Yo nunca tuve una hermana mayor que me guiara, por eso intento, a través de estos talleres, convertirme en la hermana mayor de estas chicas», explica.

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En la actualidad, Zainab Fasiki, que detesta las etiquetas y las fronteras, está trabajando en la elaboración de dos cómics más al tiempo que continúa organizando los talleres en el marco de Women in Power. También presenta un programa en línea sobre educación sexual al que invita a expertos y expertas en el tema: CH3EL DDO, que significa «Enciende las luces». «Al principio quería hacerlo en el espacio cultural en el que imparto los talleres, pero me di cuenta de que tanto en Tik Tok como en Instagram los vídeos tenían muchísimas visualizaciones, ya que son las herramientas que usan las nuevas generaciones. En los episodios hablamos de sexualidad femenina, enfermedades de transmisión sexual, acoso en línea, etcétera. El objetivo es abordar los tabúes que perviven en nuestra sociedad. Lo hacemos con viñetas mías animadas y con la participación de expertos y expertas en los diferentes ámbitos. Otra de las cosas que hacemos en el programa es desmontar falsos mitos. Ahora mismo estamos preparando la segunda temporada».

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Marruecos y el Código de Familia

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En Marruecos hacía casi 20 años que no se reformaba la Mudawana, es decir, el Código de Familia, cuya última revisión se produjo en 2004. A petición del monarca del país, Mohamed VI, se ha iniciado recientemente una reforma de una ley que, hasta el momento, ha discriminado a las mujeres: tolera la poligamia (aunque sea una práctica residual en el país), el matrimonio de menores (previa solicitud) y permite que las mujeres hereden menos que sus hermanos varones (hasta un 50% menos), entre otras cuestiones. Según la Federación de Ligas de Derechos de las Mujeres (FLDF), en 2022 se registraron más de 12.900 matrimonios infantiles en el país.

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En el momento en que se escriben estas líneas existe un texto del proyecto de ley, pero se desconoce su contenido. La necesidad de reformar el Código de Familia es una reivindicación histórica de los grupos progresistas y los colectivos feministas, pero también un motivo de división en el país, donde los sectores conservadores todavía tienen mucho poder tanto en la esfera política como en la social. Estos ya han anunciado movilizaciones «para proteger a las familias». Si bien la Constitución de 2011, aprobada en el marco de las Primaveras Árabes, garantiza la igualdad entre mujeres y hombres, en la práctica no es así; y en las zonas rurales las desigualdades entre hombres y mujeres son acentuadas. A pesar de los compromisos adquiridos por Marruecos durante los últimos años para luchar por la igualdad de género y contra la discriminación y la violencia contra las mujeres, todavía son numerosos los desafíos en materia de independencia económica, participación política o incorporación al mercado laboral.

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Entrevista a Zainab Fasiki

¿Cómo se produce tu primera aproximación al feminismo?
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Cuando empecé a hacer prácticas como ingeniera, se produjo mi primer caso de acoso por parte de un compañero. Cuando se lo comenté a mi jefe, me dijo que no se le podía despedir porque lo necesitaban. Me di cuenta de cómo se valoraba a la mujer en la sociedad. No valíamos nada. Era 2019 y empecé a hablar en redes sociales y a leer libros. Mi enfado salió en forma de dibujos que mostraban los cuerpos de las mujeres. Nunca veíamos cuerpos de mujeres desnudos en nuestra cultura. Pero no es solo un problema en Marruecos, porque cuando he ido a Europa a presentar la traducción de mi libro me he encontrado con que las mujeres tenían problemas similares. En España, por ejemplo, todavía hay regiones muy conservadoras.

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Hsouma es el título de tu primer libro, que significa «vergüenza». La cultura de la vergüenza en la sociedad, sobre todo aplicada a las mujeres, sigue muy arraigada en todo el mundo.
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Escribí este libro cuando tenía 23 años y no imaginaba que se originaría tanta polémica. En aquel momento me di cuenta de la diferencia que había entre nuestra educación sexual y la de los hombres. Solo se nos habían explicado los datos científicos, y ni eso. Todo estaba orientado a una educación sexual religiosa en la que incluso se hablaba de matrimonios infantiles. En Hsouma hay dos capítulos: en el primero se explica el cuerpo de la mujer desde que nacemos hasta que morimos y en el segundo se aborda la sexualidad; también la posibilidad del sexo fuera del matrimonio o la causa LGTBQ. Este segundo capítulo ha hecho que haya recibido amenazas de todo tipo. De hecho, el libro estaba escrito en árabe y ningún editor lo quiso publicar porque no querían problemas; así que tuve que traducirlo al francés y publicarlo en Francia. En las presentaciones que he hecho en Europa vienen muchas personas marroquíes de la comunidad LGTBQ, marroquíes ateos o personas trans que tuvieron que irse del país. Pero esto no pasa solo en mi país: en mi presentación en Italia hubo muchas mujeres que me hablaron de cómo el Vaticano quería hacer retroceder sus derechos. En muchos otros países pasa lo mismo.

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¿Cómo funciona la imagen para transmitir el mensaje político?
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La imagen tiene más poder que el texto; al menos en mi país, donde el índice de lectura no es demasiado alto. Al principio pensaba en solo escribir, pero sabía que con las imágenes tocaría la fibra, la gente se enfadaría al ver un clítoris dibujado, o un cuerpo trans, o un cuerpo con vello. Siempre pensé que el tema necesitaba ser ilustrado. No solo necesitamos romper los tabúes a través del texto, sino que necesitamos verlos: necesitamos ver esos cuerpos. La verdadera vergüenza está en cómo vemos nuestros propios cuerpos.

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¿Ha tenido éxito el libro en Marruecos?
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Se ha comprado, sí, porque hay muchísima gente oprimida. Mucha gente viene a las presentaciones casi escondiéndose y esa es la realidad de este país. Es muy difícil defender cosas que deberían ser consideradas ‘normales’.
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n¿Has presentado el libro en zonas rurales de Marruecos? ¿Hay diferencia con las grandes ciudades?
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Este año ha supuesto un punto y aparte en mi vida profesional porque he empezado a enseñar y a dar talleres en muchos pueblos. He estado trabajando con niñas y adolescentes que perdieron sus casas tras el terremoto del año pasado, cerca de Marrakech. Consciente de que no me encontraba en Casablanca ni en ninguna ciudad europea, fui prudente y les pregunté qué querían dibujar. Enseguida me pidieron ayuda porque sus familias las quieren casar de manera forzada. Son crías muy jóvenes, de 12, 13, 14 años. Así es como he descubierto que mi trabajo también es muy importante en estas zonas rurales. Algunas niñas me conocían de las redes sociales, porque todas ellas tienen móvil.

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Has sido insultada y amenazada por tu trabajo. ¿Cómo es vivir bajo estas amenazas?
nDurante estos diez años como artista, no he recibido ningún tipo de protección por parte del gobierno. He tenido la oportunidad de mudarme a otros países, como Estados Unidos o España, y trabajar desde allí, pero hace tiempo que decidí quedarme en Marruecos. Trabajar para las mujeres marroquíes desde Nueva York no me interesa: quiero estar aquí y promover el cambio desde aquí. Este año, a otras feministas y a mí se nos ha incluido en una lista negra, en nombre del islam. Se decía que, para que Marruecos viviera en paz, nosotras teníamos que desaparecer. Lo denunciamos a la Policía, pero no conseguimos ninguna respuesta, porque estas amenazas nunca se toman en serio. Es cierto que están investigando al autor o autores de la lista, pero nada más. Es decepcionante. Tengo amigas que sufren ansiedad, pero yo lo he normalizado, aunque sé que no es normal normalizarlo, valga la redundancia. He perdido el miedo y estoy en un momento en el que no me importa lo que pase. A mí me puede suceder lo que sea, pero mis viñetas permanecerán.

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El mundo está experimentando un movimiento hacia la extrema derecha y el conservadurismo.
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Es aterrador. Y no solo eso: en Arabia Saudí las mujeres están extremadamente oprimidas, y nos quieren hacer creer que no. Esto también sucede en Marruecos: hay una campaña de blanqueamiento con motivo de la Copa Mundial de Fútbol de 2030 y el Gobierno está adoptando algunas medidas, pero es solo maquillaje. Hace unos meses una youtuber apareció en minifalda en un programa y la detuvieron. Si uno viaja a Marrakech u otras ciudades del país podría pensar que está en un lugar que avanza, pero Marruecos sigue siendo un país muy conservador. Lo que sucede en Europa es decepcionante, y muy importante también para nosotras, incluso para mis contratos editoriales. Yo siempre he trabajado con editoriales francesas, y ahora españolas, y el giro conservador también puede afectar a mi trabajo.

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Estás ilustrando un par de libros.
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El primero se publicará en septiembre y trata sobre la vida diaria de una chica lesbiana en Irán. Es un caso real. En Irán se mata y se encarcela a mujeres a diario. Estos crímenes contra los derechos humanos también son muy importantes para países como Marruecos, Túnez o Argelia, porque tienen como objetivo lanzar un mensaje a la sociedad. En diciembre se publicará otro libro que sitúa la acción en la medina de Fez y aborda el tema de los matrimonios precoces. ¡Seguiré enfadando a la gente!

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¿Quién te ha inspirado a lo largo de estos años?
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Cualquier mujer o grupo de mujeres que haya llevado a cabo una revolución. En los años setenta el movimiento feminista en Marruecos dio grandes pasos. Hubo mujeres encarceladas y otras que se suicidaron. También me inspiró mucho Marjane Satrapi. Yo siempre había leído cómics de superhéroes y gracias a su trabajo me di cuenta de que yo también podía dibujar cómics.

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¿Qué les dirías a las jóvenes marroquíes que quieren ser artistas?
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Yo tenía muchas razones para tirar la toalla, y no lo hice. He sufrido periodos de depresión, pero siempre me he centrado en el propósito de mi vida, que en mi caso es la libertad. Si no soy libre, ¿vale la pena vivir? Ese ha sido mi pensamiento cada mañana. Si yo no lucho por mi libertad, no habrá nadie que lo haga.

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