Zaina Qazzaz

Derecho a la paz
Palestina

«La reconciliación es imposible»

Zaina Qazzaz, de 23 años, es una estudiante gazatí de Periodismo del programa UB Refugi de la Universitat de Barcelona (UB). Desde noviembre de 2024 reside en Barcelona, donde se forma en la profesión de sus sueños y, para integrarse, se esfuerza en aprender catalán. Aunque se siente afortunada, reconoce que no deja de pensar en Gaza, donde residen su familia y sus amigos, y por tanto una vida partida y marcada por la ocupación israelí.

Hasta los 17 años, Zaina vivió en Ciudad de Gaza, en el barrio de Tal al-Hawa, cerca del conocido al-Rimal. De madre consultora en el ámbito del desarrollo humano y padre abogado vinculado a la Autoridad Palestina, Zaina tuvo una infancia condicionada por el conflicto. A pesar de ello, disfrutó del colegio, de los amigos y de la playa. Una vida aparentemente normal que, en realidad, en esa prisión al aire libre que es el territorio de Gaza, no lo era. «De niña no sabía lo que significaba una vida normal porque vivía en Gaza», reconoce ahora.

A pesar de tener más oportunidades que otros gazatíes, el camino de Zaina no ha sido sencillo, siempre ha estado marcado por la ocupación israelí y su identidad gazatí. Su sueño era estudiar en Cisjordania. Y lo consiguió, convirtiéndose en la primera gazatí en hacerlo en cinco años. «Imagina lo difícil que es. Tienes que conseguir muchos permisos y hay que pagar mucho dinero. Mi familia empezó a gestionar los documentos tres años antes de mi salida», recuerda sobre las trabas burocráticas. «Al final, logré cruzar la frontera después de tres intentos fallidos en los que me denegaron la entrada. Estuve en Cisjordania con un permiso de tres meses y permanecí en situación irregular durante cinco años», añade. A pesar de los problemas de movilidad debido a su situación ilegal, algo que limitaba sus prácticas sobre el terreno, Zaina pudo cursar Periodismo.

«Recuerdo que, a veces, los israelíes venían a la universidad y mis amigas me escondían, como si estuviera haciendo algo malo. Gaza y Cisjordania están ambas en Palestina, pero es muy difícil moverse entre ellas», ejemplifica la joven, que tuvo que renunciar a volver a su hogar durante tres años para poder cursar la beca UB Refugi. Una vez en Cataluña, esta joven, que ha participado en un documental de 3Cat sobre estudiantes palestinas, se muestra agradecida por el apoyo popular a Palestina en las universidades y las calles catalanas.

Como muchas otras personas, Zaina se enfrenta al Estado israelí, que es antidemocrático con la población árabe o palestina. Los tres años que, supuestamente, estará fuera de Palestina podrían ser en realidad más: si la situación no deja de deteriorarse, podría ser toda una vida. Depende de las oportunidades, las mismas que la ocupación niega a la población en Palestina. De momento, Zaina colabora con eldiario.es, considera el periodismo una forma de resistencia y vive en una residencia en Barcelona donde el mar le devuelve un trozo de Gaza.

 

El ‘Gran Israel’ y el genocidio en Gaza

El 7 de octubre de 2023, la organización palestina Hamás atacó un festival israelí de música electrónica en territorios ocupados. Desde entonces, a pesar del acuerdo de paz firmado en octubre de 2025, Israel bombardea indiscriminadamente a la población de Gaza. Al menos 69.000 personas han muerto, según las autoridades del enclave palestino. De ellas, más de 19.000 son niños y niñas. Estos ataques no tienen justificación posible y constituyen un genocidio, como no deja de repetir la relatora especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese. O, como mínimo, son crímenes de lesa humanidad, razón por la cual la Corte Penal Internacional ha emitido una orden de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Sin embargo, estas muestras de justicia de nada sirven cuando Occidente es connivente con el objetivo histórico israelí: que todos los árabes musulmanes abandonen Palestina, para así instaurar el ‘Gran Israel’, que también incluiría territorios de Siria y el Líbano.

Israel nació como país en 1948 en los territorios que habían formado parte del Imperio otomano y que estuvieron durante décadas bajo protectorado británico. Fue en las islas británicas donde el sionismo se conjuró para conquistar su tierra prometida. Para ello, había que enviar colonos y expulsar a la mayoría árabe musulmana. Así, la milenaria comunidad árabe judía de Palestina se diluyó entre colonos europeos y rusos que cultivaron el desierto o levantaron ciudades como Tel Aviv. Llegaron más y más colonos que, con el tiempo, protagonizarían acciones subversivas armadas contra árabes y británicos en busca de un estado propio. Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1948, la comunidad internacional reconoció Israel. Fue entonces cuando empezó la ocupación más feroz, los enfrentamientos entre musulmanes y judíos que llevaron a la Nakba, la expulsión de más de 700.000 palestinos de sus hogares, y a guerras en las que siempre vencería Israel.

Aunque la comunidad internacional apuesta oficialmente por la solución de los dos Estados, uno judío y otro musulmán, Israel no ha hecho más que torpedear cualquier acuerdo, como el que se prometía posible con Yasser Arafat a finales del siglo XX. Ahora, Israel asegura que se anexionará nuevos territorios en Cisjordania. Un paso más para expulsar a la población árabe, que no tiene cabida en su proyecto de país homogéneo.

Con este objetivo, Israel lleva décadas acosando a la población palestina y ocupando sus territorios. La táctica se divide en dos en Palestina. En Gaza, utilizando la excusa de Hamás, cada cierto tiempo se lleva a cabo una ofensiva en la que se destruyen los avances de la población. El genocidio actual es un paso más. En Cisjordania, en cambio, la ocupación es menos explosiva pero más constante. Los palestinos sufren ataques a diario, como refleja con maestría la oscarizada No Other Land, que no les dejan prosperar. A cada avance le sigue un ataque de colonos impunes que obligan a las personas a huir. En ambos casos, tanto en Gaza como en Cisjordania, la vida es un volver a empezar constante que resulta desesperanzador.

Entrevista a Zaina Qazzaz

ENTREVISTA

Gaza es el lugar del mundo más peligroso para informar. De los 129 periodistas asesinados en 2025, dos tercios murieron a causa de los ataques de Israel. ¿Por qué decidió estudiar Periodismo y qué opinó su familia cuando se lo comunicó?

Mis padres me permitieron elegir mis estudios. Mi madre es artista y quería que estudiara arte, y mi padre quería que hiciera algo relacionado con la informática. Estudié informática durante un año, pero no me motivaba. En ese momento había una periodista [de Al-Jazeera] llamada Shireen Abu Akleh. Israel le disparó en la cabeza mientras estaba informando en el campo de refugiados de Yenín. Después de eso, llamé a mis padres para decirles que quería cambiar de carrera y empecé Periodismo. Siento que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida. Estudié tres años y medio en la Universidad de Birzeit. Todavía recuerdo una vez que, en un campo de refugiados en Cisjordania, al que vinieron los soldados y en el que estaba entrevistando a una familia, personas que no me conocían de nada me acogieron en su casa durante un día. Les expliqué que estaba en situación irregular y que los israelíes no podían detenerme, y me acogieron.

Ha perdido a sus abuelos y a un tío durante el genocidio en Gaza. ¿Cómo marca la vida de las personas la violencia constante que Gaza sufre desde hace 80 años?

Viví en Gaza durante 17 años, y en ese tiempo sufrí cinco guerras. Este genocidio es diferente, pero recuerdo especialmente la guerra de 2014. Fue muy difícil para todos en Gaza. Cuando tienes que dejarlo todo en solo cinco minutos… Ese sentimiento es difícil de soportar para cualquier persona. Ahora, [por la ofensiva desde el 7 de octubre] esa situación parece más fácil. Pero no lo es: en Gaza tenemos electricidad cuatro horas al día, y a veces internet solo una. Es como estar aislados del mundo. Todo se vuelve más difícil. Por ejemplo, enviar dinero; y por eso hay formas de pago alternativas como las monedas virtuales. Pero no se trata solo de electricidad, comida o agua; hay algo más importante: la sensación de seguridad, de sentir que a tu familia no le pasará nada. Porque quizá tú estás en un lugar seguro, pero quizá ellos no. Mis abuelos vivían cerca de la Cruz Roja. Los bombardearon y no pudimos sacar sus cuerpos de entre los escombros hasta una semana después. Cuando hablamos con los bomberos, nos dijeron que la prioridad era salvar a las personas con vida, no a las que ya habían muerto. Y eso fue extremadamente duro.

¿Entiendes por qué Israel actúa con esta falta de humanidad?

Nadie pudo imaginar esta falta de humanidad de Israel. El ejército israelí hace todo lo posible para dificultar nuestras vidas. Todo allí es una lucha constante.

Además de la Junta de Paz de Trump, Israel quiere reconstruir Gaza para atraer a turistas a la llamada Riviera de Gaza. ¿Qué piensa sobre estos proyectos y qué papel desempeñará la población gazatí?

La gente llega a un punto en el que siente que ya no puede hacer nada. No puede vivir. Han perdido tres años de sus vidas. Así que quieren llevar a cabo sus proyectos, porque lo han perdido todo: sus hogares, sus seres queridos. Sin embargo, estos proyectos que vemos en las noticias no se llevarán a cabo tan pronto como dicen. Ahora parece que hay personas preparadas para reconstruir Gaza cuando Trump tome la decisión, pero muchísimas veces se ha hablado de ello y no ha sucedido nada.

La solución de dos Estados parece más lejana que nunca. ¿Qué futuro le espera a Palestina?

Desafortunadamente, siento que la gente en Gaza acabará adaptándose a la vida que tiene ahora. Querría añadir que la migración no es la solución. Después de cada guerra se habló de reconstruir Gaza, pero no ha sucedido nada. Además, nos enfrentamos a tres fuerzas de control: la división interna, Trump y el ejército israelí. Al final, la gente se adapta a la vida. Por ejemplo, durante el Ramadán, las personas sin hogar comen en la calle y, por desgracia, incluso eso ha empezado a verse como normal. Me temo que, un día, incluso se considere normal no comer. Sin embargo, la guerra no es algo con lo que se pueda convivir o a lo que una persona pueda adaptarse.

Israel intenta mostrar a Hamás como un grupo terrorista. No es tan simple: Hamás venció en las últimas elecciones celebradas en Gaza en 2006 y, aunque se le acusa de conservadurismo religioso, cuenta con el apoyo de la población. ¿Qué significa Hamás para la gente de Gaza?

Tenía unos cinco años, estaba en primer curso en la escuela, cuando escuché por primera vez qué significaba Hamás. Estaba en casa; mi padre y su amigo estaban desayunando, y de repente llegó gente. Mi padre trabajaba para las autoridades palestinas, y esas personas, que eran de Hamás, le quitaron la ropa, le taparon los ojos y se lo llevaron. Lo mantuvieron en prisión durante días, sin ningún motivo. Mi padre no es una persona politizada, pero es abogado de la Autoridad Palestina (AP). Esa fue la primera vez que entendí qué significaba Hamás. Sin embargo, como gazatí, no puedo decir que sean terroristas. Está la ocupación, y está Hamás.

Eran la autoridad en Gaza.

Sí. La AP no resulta atractiva para las personas.

La AP controla Cisjordania y apuesta por una solución dialogada. Por eso es vista como colaboradora de Israel.

Así es. En la película La voz de Hind Rajab se ve cómo las autoridades palestinas realizan una coordinación de seguridad con el ejército israelí. Trabajan juntos. Todos lo hacen. Otro ejemplo, de la vida real: hay algunos estudiantes politizados que han sido identificados por las autoridades palestinas y que, más tarde, por ‘casualidad’, han sido arrestados por el ejército israelí. ¡Qué coincidencia!

La sociedad israelí no ha condenado el genocidio. ¿Es posible la reconciliación entre las comunidades palestina e israelí?

No, la reconciliación es imposible. Antes del 7 de octubre, podría haber esperado algún tipo de coexistencia en el marco de la solución de los dos estados. Pero hoy por hoy es imposible.

Al igual que la Unión Europea y Estados Unidos, la mayoría de los países árabes apoyan a Israel. ¿Qué opina de su posición?

Los gobiernos árabes no nos están ayudando. Cuando la gente intentó huir de la guerra, el paso fronterizo entre Gaza y Egipto se mantuvo cerrado, y no permitieron entrar a nadie. Diplomáticamente, esto se presentó como una postura positiva de Egipto para prevenir el desplazamiento [de gazatíes], pero en realidad abandonaron el territorio de Gaza, sin ningún tipo de humanidad. Hablamos solo de ayuda humanitaria, no es algo imposible, pero ni eso hicieron. Arabia Saudí, Egipto o Jordania, todos ellos podrían hacer más para ayudar al pueblo gazatí.

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