Thiat

Defensa de la democracia y de los derechos civiles y políticos
Senegal
Y’en a marre
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Thiat, del grupo de hip hop Keur-gui y miembro del movimiento senegalés Y’en a marre, explica que, cuando él era pequeño, su madre, al llegar a casa, siempre les llevaba a él y sus hermanos una chocolatina o algo dulce. Pero un día, su madre fue directa a su habitación. Se la encontró tirada sobre la cama, mirando un mapa que tenían de África: Thomas Sankara había sido asesinado por Blaise Compaoré en Burkina Faso (1987). Thiat asegura que aquel día su madre le explicó quién era Sankara. “El día siguiente fui a la escuela y expliqué la historia. Me di cuenta de que mis compañeros estaban interesados en lo que decía”. Y así, reflexiona, es como se adentró en el activismo. “Cada día cuando volvía a casa, le pedía a mi madre que me explicara cosas. Supe qué era el apartheid, quiénes eran Mandela, Lumumba, qué era el racismo, la discriminación, etcétera”. Fue entonces cuando empezó a escribir poesía. El 1996 empezó a componer sus primeras canciones de hip hop. Y así ha seguido hasta el día de hoy. Pero el activismo de Thiat no ha sido un camino fácil. Cuando tenía 16 años fue arrestado por primera vez, a causa de la letra de un rap que ponía en el centro de la crítica al alcalde de Kaolack, donde él vivía. “La canción hablaba sobre la corrupción del alcalde. Estuve tres días en custodia y después tuve que ir a firmar a los juzgados cada mes. Fue todo un escándalo en Senegal”, dice. Un tiempo después crearía, junto con Kilifeu y DJ Gath el grupo Keur-gui, que en wòlof quiere decir: “la casa”. En el año 2000, el primer disco de Keur-gui fue censurado. Fue la primera vez que un álbum de hip hop era censurado en la región.

El nacimiento de Y’en a marre

Thiat es una de las personas que fundó Y’en a marre. Todo ocurrió de manera casual y sin pensarlo demasiado. «Era 16 de enero y yo estaba en casa de unos amigos llenando unos formularios por internet que tenía que entregar aquel mismo día. De repente, cortaron la electricidad. No era la primera vez que pasaba y nos incordiamos». Empezaron a pensar que había que canalizar el malestar y llevar la protesta a la calle, implicarse en la lucha por los derechos básicos. «Nos dimos cuenta de que era hora de pasar a la acción, de hacer algo más. Pero no queríamos crear ni un partido político ni una organización. Necesitábamos un eslogan que movilizara a la gente y eso es lo que hicimos. Y’en a marro quiere decir, ‘ya estamos hartos, o ya tenemos bastante’. ‘Somos la juventud de este país y somos los responsables que las cosas cambien’, pensamos. Era hora de tomar responsabilidades y empezar a implicarnos en los asuntos sociales de nuestro país. Y sobre todo, nos enfocamos en cambiar la narrativa: las calles no están sucias, somos nosotros los que las ensuciamos. Para cambiar nuestro país, primero tenemos que cambiar nuestro comportamiento», explica Thiat. Y este es, precisamente, uno de los pilares de Y’en a marre: si la sociedad quiere otro tipo de políticos, se deben cambiar determinados comportamientos. «La filosofía de Y’en a marre apunta hacia la clase política, pero también hacia nosotros mismos. El cambio empieza en nosotros y en nuestro entorno. Todo el mundo es Y’en a marre». El movimiento empezó a estructurarse e inició campañas. La primera tenía un objetivo claro: que la población se registrara para ir a votar. «La idea era hacer caer a Abdoulaye Wade y queríamos que la gente joven se movilizara. Conseguimos movilizar el voto de un millón de personas». Durante la campaña estuvimos en la calle y actuamos en diferentes direcciones: haciendo charlas informativas, repartiendo panfletos, organizando conciertos, etc.» Y’en a marre consiguió captar el malestar de la sociedad senegalesa y actuó como catalizador para que la gente saliera a protestar. Se hizo utilizando el lenguaje artístico como medio de contestación, con canciones cantadas en wòlof, la lengua local, para llegar al mayor número de gente posible. La antigua colonia francesa, considerada un país democrático y modelo en África Occidental, se levantó para pedir un cambio social que pusiera la ciudadanía en el centro y más democracia. En junio de 2011 algunos miembros de Y’en a marre fueron arrestados. Esto supuso un punto de inflexión en el movimiento, que cogió más fuerza. El resultado fue el esperado: Abdoulaye Wade perdió las elecciones contra Macky Sall, actual presidente del país.

Y’en a marre, el NTS y la cuestión migratoria

Y’en a marre no es solo un movimiento, sino una manera de vivir. Desde el movimiento se promueve el concepto NTS: New Type of Senegalese. El nuevo tipo de senegalés. La idea que hay detrás es que no se puede pedir que las administraciones y el poder político cambien si no hay un cambio de la sociedad. El NTS hace referencia a una ciudadanía que toma partido y que es responsable: una ciudadanía que reivindica sus derechos, pero que también cumple con sus derechos cívicos. En la idea del NTS también se tiene que incluir la percepción que hay sobre el fenómeno migratorio. La letra de la canción Wake Up lo deja claro: «Actuar en vez de esperar, cree en ti mismo, lucha. Nuestra vida, nuestro camino, lo que creemos, el camino que dibujamos, por eso luchamos. Queremos salir de esto, no queremos emigrar, más bien quedarnos y trabajar. Queremos quedarnos y evitar problemas con la policía. Queremos ganar dinero con dignidad». El movimiento Y’en a marre señala directamente la complicidad entre las presidencias africanas y las europeas y pide a los jóvenes que luchen para intentar quedarse en su país y hacerlo más resiliente. «Para que la gente se quede tenemos que mejorar nuestras escuelas, nuestro sistema laboral y sanitario. Tenemos que intentar retenir a la juventud africana», reclama en Thiat, quien defiende, a banda, el derecho a la libre circulación de las personas.

Protestas recientes

El marzo del 2021, Senegal vivió una oleada de protestas. Los enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas policiales acabaron con catorce personas muertas en los cinco días que duraron las manifestaciones. Los disturbios se produjeron a causa de la detención de Ousmane Sonko, un político de la oposición acusado de alteración del orden público. La ciudadanía se levantó en contra del abuso de poder del actual mandatario Macky Sall. En junio de aquel mismo año, los disturbios se volvieron a reactivar a causa de la exclusión de una lista electoral y la represión policial fue tan violenta como la de marzo.

Entrevista a Thiat

¿Cómo se extendió Y’en a marre a otros países africanos?

Desde que se inició el movimiento, hemos estado haciendo talleres, charlas, formaciones, etcétera en otros países africanos como Burkina Faso, Mauritania, Congo, Gambia o Madagascar. En Mali inspiramos ‘Las Sofas de la République’, y en Gambia el ‘#GambiaHasDecided’. Ahora mismo trabajamos desde la plataforma Afriki, y lo hacemos en red. Cuando pasa algo, debatimos y lo intentamos resolver de manera conjunta.

¿Las acciones que lleváis a cabo en Y’en a marre fueron improvisadas o planificadas?

Algunas de las acciones que hacíamos eran planificadas y otras no. Por ejemplo, el lanzamiento de la canción Faux pas force sí que lo fue. Keur-gui[el grup de hip-hop del qual forma part en Thiat]era parte del movimiento, pero había otros raperos.

¿Pensasteis en entrar en política? ¿U os lo ofrecieron?

Este fue uno de los debates principales del movimiento, pero desde el inicio, establecimos una norma importante: si estás a Y’en a marre, no puedes formar parte de un partido político. Era y es uno de nuestros diez mandamientos. Sin embargo, las personas que han querido salirse de Y’en a marre para formar parte del ámbito de la política institucional, lo han podido hacer sin problemas. En mi caso, nunca consideré entrar en política porque es una lucha y un discurso completamente diferente y pienso que los activistas nos tenemos que mantener fuera de la política. Y’en a marre es un movimiento y, como los movimientos sociales, se encuentra a caballo entre la sociedad civil y la clase política. Precisamente, si hacemos lo que queremos es porque estamos fuera de la política.

Cantas en francés y en wòlof. ¿Qué connotaciones tiene cada lengua?

Cantar en wòlof fue mi primera revolución, mi primer activismo. El wòlof no es un dialecto, como hay gente que dice. Es una lengua, una cultura, una manera de entender la vida. A través de esta lengua le hablo a mi país. Si no me entiende mi pueblo, ¿para quién estoy cantando? Tenemos ejemplos como Bambara, Selif Keita o los discursos del Che Guevara, Malcom X o Martin Luther King. Todos estos utilizaban su lengua. Yo lo tengo muy claro: yo hablo mi lengua; si quieres saber qué digo, haz tu investigación, busca en Internet y tradúcelo. También canto en francés, pero con el wòlof siento que estoy poniendo mi país y mi gente en el mapa.

En alguna ocasión has asegurado que el arte siempre tendría que estar conectado al activismo. Dices que, antes de ser artista, eres un ciudadano, por lo tanto, tienes una responsabilidad. También hablas de ‘conciertos pedagógicos’.

Yo considero que hacer música es tener una responsabilidad. La gente te escucha y les tienes que explicar algo que les sirva para la vida. Entiendo que la gente quiera bailar, reír, cantar, etcétera. ¿Pero al final del día, vuelves a casa y qué? Yo hago un arte que hace pensar y que quiere resultar útil. Está bien que nos ganemos la vida con esto, pero lo más importante es sacar tu mensaje al mundo. Porque esto es lo que puede hacer que cambie la historia del país. Y nosotros lo hemos hecho: hemos cambiado el rumbo de Senegal. Me considero un agente del cambio social.

Los medios occidentales tienen una manera particular de retratar y de dar información sobre el continente africano. Casi siempre se habla de pobreza, violencia, desigualdad… Son pocas las ocasiones en las cuales se muestra el trabajo que se hace en el ámbito de los movimientos sociales, o el arte, entre otros.

Se enseña la pobreza y la caridad. Del mismo modo que necesitamos energía alternativa, necesitamos medios de comunicación alternativos que muestren otra África. Somos supervivientes y el mundo tendría que aprender de África. En cuanto a la crisis ocasionada por la Covid-19, África es el continente que menos muertos ha tenido. El orgullo de Occidente no los permite reconocer que hemos hecho las cosas mejor que ellos. Dicen que es porque somos una población más joven; es mentira: nuestra vida social es diferente, y por eso lo hemos manejado mejor. Los africanos aprendemos del resto del mundo, pero nadie aprende de nosotros. Hablamos las otras lenguas del mundo, pero nadie habla las nuestras. Lo mismo ocurre con las danzas, la cultura, la comida, etcétera.

¿Qué proyectos estás llevando a cabo, ahora mismo? *

Estoy en los Estados Unidos, trabajando en el ámbito universitario. Hago seminarios sobre democracia, o sobre mi concepto de democracia. Para mí, una minoría puede ser más democrática que una mayoría, porque podemos estar hablando de una mayoría corrupta, comprada a través del voto. En estas charlas que hago, comparto mi experiencia como artivista[activista a través de l’art] y explico cómo los africanos y las africanas estamos cambiando los regímenes corruptos de muchos países. Estamos demostrando que podemos cambiarlo todo sin la intervención de otros países y sin las intervenciones militares. Y sin Occidente, por supuesto. Solo hay que ver qué pasa cuando Occidente se implica en otros países: Irak o Libia, por ejemplo. La mayoría de los presidentes africanos son títeres de Occidente.

¿Francia?

Francia ha ejercido, y ejerce la ocupación, la dominación y la colonización; y tenemos que pedir que deje de ocuparnos, de controlar nuestras telecomunicaciones, nuestra moneda y nuestro sistema económico.

¿Qué le dirías a la juventud senegalesa de ahora?

Que ellos son el futuro y que es el momento de asumir ciertas responsabilidades, que no esperen. Yo soy autodidacta y me costó muchos años entender el mundo y aprender lenguas, porque no estudié mucho. La juventud tiene que tener ganas de aprender y sentirse orgulloso de quién son y de quien quieren ser. Cada persona de un país es parte de su solución. Lee, aprende, actúa.

*En el momento de la entrevista, Thiat se encuentra en Nueva York impartiendo una serie de conferencias en diferentes universidades.

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